LA WEB DE CINE QUE TE MANTIENE AL DIA
               Críticas de Cine
                       Música                Quiénes Somos                         E-Mail


2046




Director: Wong Kar-Wai

Intérpretes: Tony Leung Chiu Wai, Li Gong, Takuya Kimura, Faye Wong, Zhang Ziyi, Carina Lau, Chen Chang, Wang Sum, Ping Lam Siu, Maggie Cheung.

Nacionalidad: China, Hong Kong, Francia y Alemania

Duración: 129 minutos.

por Asier Sisniega 

Avalada recientemente con el premio del cine europeo a la mejor película extranjera, el reconocido director Wong Kar-Wai presenta este poema que le ha supuesto un largo trabajo de más de 5 años. 2046 supone el colofón a una trilogía que arranca en 1990, con Nuestro Años Salvajes. Venerado por la crítica hasta calificarlo como el mayor creador del cine contemporáneo, está claro que su cine no deja indiferente a nadie.

 
Chow Mo Wan es un escritor con gran facilidad para las conquistas, pero ninguna de sus relaciones tiene un final perfecto. Evocando continuamente el tiempo pasado, escribe novelas donde sus personajes son el claro reflejo de las personas a las que ha conocido. 2046 es una habitación de hotel, pero también es, en una de sus novelas, el destino de los pasajeros de un tren que quieren recuperar sus recuerdos. Allí, el tiempo se detiene, de donde sólo una persona ha regresado. A bordo de este tren, un pasajero se enamorará de su auxiliar androide, un amor imposible en un futuro anodino.





La premisa argumental es extraña, pero a la vez estimulante. El espectador trata de gozar con la dicotomía entre las historias de amor del protagonista y el reflejo en sus historias futuristas. Sin embargo, el arranque del filme deja un tanto descolocado al personal, sólo logrando un equilibrio con la visión de la vida amorosa del protagonista. Lejos de desarrollar paralelamente el pasado y el futuro, la película se centra en el Hong Kong de los años sesenta, en un Casanova, incapaz de amar en el presente, pero siempre añorando el pasado. Una serie de encuentros en la Nochebuena de años consecutivos, donde se nos muestra la soledad de los protagonistas. Una historia que se va sazonando con la voz en off del protagonista, en un argumento sin un desarrollo lineal, con escenas descolocadas y recovecos pendientes de desarrollar. Espléndida banda sonora y poderoso cuidado de la imagen, con unos constantes interiores, así como breves y oscuros exteriores, donde no existe otro mundo que el atardecer o el anochecer. Un futuro digital, muy cercano por momentos al cine experimental, como ya tratara el director en alguna de sus películas previas, y unos encuadres empeñados en ocultar la mitad de la pantalla, como si detrás de ese biombo se ocultara la verdad, las miradas que lo explicaran todo.

 

Y bien, dicho todo esto parece una película apasionante, muy a tener en cuenta, nada más lejos de la realidad. A pesar de dejarnos descolocados por más de un momento, lo cual no es una desventaja, la primera hora de película no es más que una serie de encuentros sexuales, que se siguen con interés gracias a las intervenciones de la voz en off del protagonista (¿sería posible ver esta película del tirón sin voz en off?). Pero, dada la irregularidad de la historia, tras la primera hora se echa de menos un desarrollo mayor de la novela futurista, momento en el que se nos brinda ésta en tropel, adornada por imágenes de poderosa fuerza visual, pero de ninguna fuerza sentimental. Veinte minutos de cine experimental que rompen con el ritmo de la historia, dejando de lado la narración de Chow Mo Wan. A partir de entonces en no menos de 10 ocasiones parece que el film va a poner el punto y final, pero se prolonga hasta convertirla en un tedio insoportable. Lo que había sido una historia más o menos interesante de las desventuras amorosas de un escritor se convierte en un tostón de órdago a la grande, con la comprensible salida de parte del público de la sala (y esto teniendo en cuenta el precio de las entradas habla por sí solo). Lo que se supone un drama, logra las risas del respetable cuando se producen una serie de elipsis, siempre presentadas con unas indicaciones temporales como 1 hora más tarde, 10 horas después o 1000 horas después. Está bien que en el mundo del siglo XXI no se deba caer en las garras de las prisas y el estrés, o en las afiladas uñas del mundo de las últimas tecnologías, pero esta película en su segunda hora es algo así como un furúnculo que no alcanzas a aliviar, que no te permite estar tranquilo en la butaca. Para cualquier aficionado al cine de los clásicos asiáticos, como el que suscribe, se le vendrán a la cabeza otros trabajos inolvidables, estableciendo con este director un paralelismo similar a lo que es el arte contemporáneo hoy en día.





Basta con que cualquiera se de una vuelta por una sala de arte contemporáneo, para que la inmensa mayoría del público no sienta absolutamente nada por muchas de las obras, más comúnmente risa o vergüenza, que placer y emoción. La gran mayoría argumenta que este tipo de arte sólo lo disfrutan los entendidos, y que ellos como profanos no son capaces de ver más allá que lo que captan sus ignorantes ojos. Sin embargo, estas mismas mentes poco desarrolladas son capaces de emocionarse con las obras del Renacimiento. Y he aquí donde surge un dilema eterno. ¿Quién tiene razón en todo esto? ¿Es un arte de igual categoría mucho de lo que nos encontramos en la actualidad en los museos de arte contemporáneo o es una broma de un grupo de sinvergüenzas dispuestos a hacerse ricos a costa de ignorantes? No responderé a esta pregunta, pero sí puedo decir que algo muy similar se nos presenta con esta película, que logra por lo menos entretener en sus primeros 60 minutos, pero cuyas impactantes imágenes no despiertan ningún tipo de reacción, ni sentimiento más allá de las retinas. Los críticos se rasgarán las vestiduras defendiendo esta forma de poesía, hablando de genialidad, pero también lo han hecho con pintores que vomitaban sobre sus lienzos o que vendían sus excrementos a precios desorbitados. No es que el film sea de tan baja enjundia, pero sí que lleva a esta reflexión. No dejen de observar la para nada encubierta publicidad de LG. Si se tratara de una crítica a la publicidad actual, ¿no hubiera bastado con utilizar marcas ficticias? Una película que deja un pesado regusto anárquico, sólo recomendable para seguidores de la obra de Wong Kar-Wai, que desearán como agua de mayo el lanzamiento en DVD de las 4 horas íntegras del montaje inicial de la película, ¿hubiera mejorado el resultado con el metraje adicional? Mucho me temo que por una vez debamos dar gracias a la tijera.


Valoración: