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 Cartas desde Iwo Jima


Director: Clint Eastwood

Intérpretes: Ken Watanabe, Kazunari Ninomiya, Shido Nakamura, Tsuyosi Ihara, Hiroshi Watanabe, Takeshi Yamaguchi.

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración: 140 minutos.

por Asier Sisniega 

Cartas desde Iwo Jima y Banderas de Nuestros Padres son las dos caras de una misma moneda. Por primera vez prácticamente un mismo equipo realiza dos películas para consagrar una a cada bando contendiente, lo cual supone dar voz a los perdedores, una práctica nada común a lo largo de la historia del cine. Con Clint Eastwood dirigiendo ambas cintas, Steven Spielberg en la producción y Paul Haggis en la producción ejecutiva, se logra un equipo que a priori se muestra insuperable. Sin embargo, el proyecto, pese a que el propio Eastwood lo califica como “una pequeña película”, es una difícil empresa que deben llevar a buen puerto con la dificultad añadida de estar rodada prácticamente entera en japonés, algo que obliga a contar con excelentes traductores y sin duda poseer una gran pericia para lograr una realista dirección de actores. Para aquellos que no gusten de las versiones originales subtituladas lo sentimos mucho pero esta película sólo se exhibe de ese modo, lo que para otros muchos supone un valor añadido.




Poco antes del ataque norteamericano sobre la isla de Iwo Jima las tropas japonesas, mermadas en su fuerza aérea y naval, se apresuran a cavar trincheras en la tierra volcánica y así repeler el ataque de las tropas enemigas. La renuncia de un general del ejército imperial japonés a tomar el mando de la isla conlleva que el general Tadamichi Kuribayashi asuma el control a su llegada a la isla y centre sus esfuerzos en defender el monte Suribachi. A lo largo de toda la isla ordenará la construcción de kilómetros de galerías subterráneas que permitirán a las tropas japonesas desplazarse por toda la isla sin exponerse a los ataques estadounidenses. Kuribayashi, gran conocedor de la cultura norteamericana debido a una pasada residencia en dicho país, no subestima el poder del ejército rival y logra que la vida de sus soldados sea un poco más digna dentro de la irremediable crueldad de la guerra. Así, evitará la ejecución o maltrato de algunos de sus hombres, se tornará humano en ciertos momentos y se cuestionará acerca de la necesidad de esa guerra y de las miles de muertes que a buen seguro se producirán. En la batalla paralela por el honor y la dignidad numerosos oficiales se enfrentarán a su forma de ejercer el mando, acusándole de amigo de los americanos. A través de las cartas que realmente escribió a su familia y que fueron enterradas en la isla se describe esta batalla clave de la Segunda Guerra Mundial.




Para analizar esta película es inevitable remitirme al trabajo premio de su director Banderas de Nuestros Padres y asimismo al resto de su filmografía. La sinceridad vuelve a ser el arma más poderosa en manos de Eastwood, ejecutando la película con maestría desde el primer minuto hasta el último, colocando la cámara en el lugar adecuado, no mostrando aquello que se insinúa pero que no se ve, evitando esa facilidad para caer en lo chusco que tienen tantos directores de hoy en día. Algunos le denominan el último cineasta clásico, yo además apuntaría que es un director que hace buen cine, quizá el mejor de la industria de Hollywood, y que ha demostrado sobradamente su versatilidad.

Los soldados de esta película no son otra cosa que seres humanos. Dentro de este grupo al que todos pertenecemos nos encontramos con diferentes categorías: valientes, honrados, discretos y por el contrario imprudentes, sinvergüenzas y cobardes. En pocas palabras, el mismo tipo de muestreo que se puede obtener en la sociedad de cualquier nación. Hay personas que venderían a su hermano por un puñado de dinero y otros que no traicionarían a un simple desconocido por todo el oro del mundo, ésta es una de las grandezas del ser humano. Nuestros protagonistas en ocasiones tienen miedo, se sienten sucios y en otras ocasiones se arriesgan innecesariamente, pese a saber que sus familias les esperan, en una lucha que se presenta como una muerte segura. Paul Haggis recomendó a Eastwood la guionista Iris Yamashita, que según Haggis comenzaba a despuntar en la profesión y así lo demuestra en el film.






En cuanto al trabajo de los intérpretes subrayar el magnífico trabajo de todos ellos, aportando gran veracidad a sus papeles. Resulta sangrante que ningún actor de este magnífico plantel recibiera nominación alguna en los pasados Oscar, lo cual pone de manifiesto de nuevo la mayor facilidad para nominar a actores que realizan sus trabajos en lengua inglesa y se desechan la mayoría de trabajos en otras lenguas pese a que estos puedan ser superiores. Carece de mucho sentido que Ken Watanabe sea nominado por El Último Samurai y no lo haya sido por esta cinta.

La fotografía gris como la ceniza de la primera película vuelve a encontrarse en Cartas desde Iwo Jima, aunque con ciertos matices ocres. Tanto a nivel de vestuario y maquillaje como en los aspectos técnicos la película brilla con intensidad. Es encomiable que Eastwood, conocido por cumplir a rajatabla sus planes de trabajo e incluso acabar los rodajes con días de antelación, haya podido rodar esta película de 140 minutos enteramente en japonés en tan sólo 28 días. Rodar en un idioma desconocido puede parecer un obstáculo insalvable, donde los traductores y equipo técnico pueden echar a perder los matices y gestos propios de la cultura japonesa, sin embargo y a tenor de los propios japoneses el resultado ha sido excepcional. A destacar la banda sonora de Kyle Eastwood, hijo del director, y Michael Stevens, una partitura hermosa y sutil que brinda bellas pinceladas en determinados momentos del metraje.



En la producción ejecutiva encontramos a Paul Haggis, que en los últimos años y a sus cincuenta y tantos ha eclosionado como director, guionista y productor, encadenando éxito tras éxito en forma de premios y recaudaciones. No olvidemos que es el guionista de Million Dollar Baby, Crash, Banderas de Nuestros Padres o Casino Royale, así como director de la segunda. Personaje digno de ser estudiado, que en su pasado no acumulaba un currículum para destacar con productos tan poco recomendables como Walker, Ranger de Texas, con el inefable Chuck Norris a la cabeza. Muchos le consideran un farsante, probablemente el tiempo dé a unos o a otros la razón, pero de momento está cuajando grandes trabajos, pese a que Crash sea muy discutible.

Regresando a Cartas desde Iwo Jima, esta película es una extraordinaria muestra del gran cine que Eastwood nos regala más o menos cada dos años, una obra maestra instantánea, que marca la retina del espectador con su poderosa verosimilitud y es que si en algo destaca esta película es en lo totalmente real que es. La realidad asalta cada centímetro de celuloide en una de las mejores representaciones de la guerra que se recuerdan, el mejor trabajo en este sentido desde Salvar al Soldado Ryan y en términos cinematográficos al nivel de grandes obras como Senderos de Gloria. Sobre todo en el nudo de la historia muchos de los espectadores lograrán una inmersión total y se verán sobrecogidos por escenas tan terribles como el suicidio colectivo, donde los ideales de honor y los deberes con la patria les lleva a literalmente reventarse en una situación que puede no ser límite y que quizá muestra una escapatoria con un punto más de esfuerzo. Descorazonadora, humana, realista, franca y un sinfín de calificativos para describir esta muestra de por qué las próximas generaciones no deberían hacer la guerra. Imprescindible.

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