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El Caballero Oscuro



Director: Christopher Nolan

Intérpretes: Christian Bale, Heath Ledger, Aaron Eckhart, Michael Caine, Maggie Gyllenhaal, Morgan Freeman, Gary Oldman.

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración: 152 minutos.

por Asier Sisniega 

Cuando hace algunos meses se mostró por primera vez el trailer de la nueva aventura de Batman decenas de miles de fans españoles y millones en el extranjero se apresuraron a dar sus opiniones en los numerosísimos foros de la red de redes. El Caballero Oscuro sería la esperada secuela de Batman Begins, un filme igualmente dirigido por Nolan que se ganó el favor de crítica y público. Efectivamente, se trataba de una cinta correcta y entretenida que indagaba en el pasado de Bruce Wayne y aquello que le llevó a convertirse en el murciélago justiciero.

Se creó entonces en torno a Batman Begins y a su director un halo de divinidad desmedida. Se tendió a sobrevalorar la película muy por encima de su calidad, hasta el punto de venerar cualquier nueva edición en DVD o nuevos formatos y cualquier nuevo minuto adicional de metraje de la misma. Con todo, es común entre las comunidades de fans de los diferentes superhéroes el dar una relevancia exagerada a los directores de las respectivas adaptaciones. Sin embargo, no se ha de olvidar que nos encontramos ante grandes superproducciones, donde la mano de un creador no se deja notar por lo general tanto como en obras más modestas. Por tanto, no se trata de analizar si el director es Bryan Singer, Brett Ratner, Sam Raimi o Christopher Nolan, ni si al nuevo Batman le sienta mejor el traje, sino si estamos ante una buena o una mala película. Así, el pasado 13 de Agosto llegó a las pantallas españolas la nueva adaptación, precedida de numerosas y sobre todo tristes noticias, como la de la muerte de Heath Ledger el pasado enero, que aquí hereda el papel de Joker.

 

Un grupo de hombres con máscaras de payaso asalta una importante sede bancaria con el objeto de robar una gran cantidad de dinero. Los delincuentes se matan los unos a los otros para recibir cada uno de ellos una mayor parte del botín. Lo que no saben es que infiltrado entre ellos se encuentra su jefe, Joker, que no duda en acabar con todos y en hacerse con el dinero que pertenece nada más y nada menos que a la mafia. La policía, con el teniente James Gordon a la cabeza, llega a un acuerdo con Batman y con el nuevo fiscal del distrito Harvey Dent para hacerse con el dinero que la mafia guarda en cinco grandes bancos y a su vez, detener a los cientos de miembros de las diferentes familias criminales. El hongkonés Lau retira el dinero de las entidades antes de que la policía se haga con él. El asiático ofrece a la mafia la protección que necesitan para su dinero fuera de las fronteras del país. Joker interrumpe una reunión criminal para hacer saber que su dinero siempre estará en peligro mientras Batman viva y pide a cambio de la vida del héroe la mitad del monto principal. Batman no tardará en dirigirse a Hong Kong para arreglar las cosas. Paralelamente y en busca de un deseado retiro, no duda en promocionar a Harvey Dent como el héroe que Gotham necesita, un hombre íntegro de cuello blanco. Pese a todo, Joker no dejará de hacer de las suyas por el simple hecho de divertirse y sembrar el caos.

Estupefacto. Es la palabra que mejor resume mi estado tras ver la película y no precisamente por su calidad, sino por el sobredimensionamiento que ésta ha tomado en todos los sentidos en los últimos meses. Estamos hablando de que a día 31 de Agosto la película es ya la segunda con mayor taquilla de la historia de Estados Unidos por detrás de Titanic y la número 13 a nivel mundial, sin olvidar que aún tiene mucho camino por recorrer en la mayoría de mercados. Hablamos pues de una obra que con toda probabilidad se situará entre las tres que más dinero han hecho de todos los tiempos, disquisiciones inflacionistas aparte. Aún más, la reciente y mediocre segunda parte de Piratas del Caribe también se encuentra en el podium de honor. Ante esto, sólo cabe preguntarse si el respetable ha perdido el norte y si sólo acude tierno cual cordero a las salas según se lo dicten las campañas virales o no virales de marketing. Los adolescentes, que son quienes en mayoría acuden hoy en día a los cines, no parecen tener los mismos criterios que sus padres o abuelos. Tampoco los ejecutivos de Hollywood son hoy un ejemplo normalmente de buen hacer, sino más bien cajas registradoras con ojos poco preocupados por la calidad de sus productos, salvo contadas excepciones. Antes de entrar en apreciaciones tan categóricas, justifiquemos los hechos. 

El Caballero Oscuro es una película aceptable, inferior a su predecesora, pero plagada de errores de bulto y aspectos netamente mejorables. Obviamente, si comparamos el rumbo actual de la saga con Batman y Robin, estaríamos hablando de una obra con mayúsculas, pero si la analizamos como film, no tarda en mostrar fisuras por doquier. La trama, en lo que se refiere a los estamentos políticos, judiciales y de seguridad policial, se torna por momentos confusa, avanza con dificultad y lo que es peor, resulta a todas luces aburrida. El héroe, Batman, encarnado por Christian Bale, no tiene mucho que ofrecer, tan sólo una presencia marmórea. Bale, sin duda, ha gozado de papeles mucho más interesantes que éste. El desarrollo de los personajes es inexistente y eso a pesar de los 152 minutos largos de metraje. Por momentos, ni siquiera parece una película de Batman, pues el peso del personaje es más escaso que de costumbre. Podríamos decir que nos encontramos ante una cinta que no destaca ni en el plano artístico ni en el técnico, pese a los apabullantes medios. Sólo se salva la actuación de Heath Ledger y su Joker, digno sucesor de Jack Nicholson. Y no destaco este punto por el hecho de que haya fallecido, sino por el buen hacer del actor y que su personaje es el más elaborado e interesante de la cinta.

 
Pormenorizando. La trama se desarrolla en un Gotham urbano, sin apenas exteriores que no presenten grandes edificios de frío cristal y metal. Todo el círculo que se crea alrededor del teniente de policía James Gordon, el fiscal Harvey Dent, su pareja y pretendida de Bruce Wayne, Rachel Dawes, el propio Batman y sus colaboradores, no funciona en ningún momento y no proporciona ningún interés. El montaje pretendidamente dinámico que nos narra los hechos en paralelo tampoco logra nada destacable, únicamente romper la inmersión del espectador en la escena por culpa de un, en este caso, innecesario virtuosismo en la sala de montaje. Lo que en Memento fue un juego maestro e inteligente, aquí es más un escollo que incomoda la narración y cae en aquello que Billy Wilder siempre remarcaba, no aburrir. ¿A quién pueden interesar los vaivenes del dinero de la mafia en una película de superhéroes y su detención? Tampoco funciona la marcha de Bruce Wayne a Hong Kong, ni su huida en avión que roza la astracanada, ni la historia de amor a dos bandas, ni la transformación del personaje de Harvey Dent en Dos Caras. El desarrollo de personajes brilla por su ausencia, totalmente planos como es habitual en tantas superproducciones. Incluso se pierde la oportunidad de desarrollar un interesantísimo Joker, según sus responsables porque se trata de un personaje absoluto al cual se le resta efectividad si se explica su pasado. Un argumento que, por tanto, hace aguas por numerosos flancos y que queda a años luz de Batman Begins. 

 

Muchos críticos y aficionados no han dudado en calificar a esta obra como la mejor adaptación nunca realizada de un cómic. El que suscribe no está para nada de acuerdo y coloca por encima de ésta a un buen puñado de cintas, por mencionar algunos ejemplos: V de Vendetta, la trilogía de Spiderman, al menos el primer Batman de Burton, Batman Begins y el Superman de 1978.

En el plano interpretativo, Christian Bale que ha probado su valía en numerosos papeles, no es aquí más que un cuerpo perfecto que luce maravillosamente la boca y la nariz bajo el traje de Batman. Morgan Freeman y Michael Caine no gozan de demasiado tiempo en pantalla, pero su presencia busca deliberadamente dar categoría al trabajo actoral con su sola aparición. Sí cabe congratularse de la presencia de la magnífica y guapa Maggie Gyllenhaal, en el papel de Rachel Dawes, más aún si recordamos que a ese mismo personaje le dio vida en Batman Begins la insufrible y empalagosa esposa de Tom Cruise, Katie Holmes.

 

Remitiéndome de nuevo a las palabras precedentes, es el personaje de Joker y la interpretación del malogrado Heath Ledger lo que da paradójicamente la vida a la película, insuflando tensión e interés a cada una de sus escenas. Jack Nicholson ya elaboró con su maestría habitual el Joker de 1989. Lejos de imitaciones, Ledger realizó un trabajo de identificación con el personaje a todas luces excesivo, como por ejemplo encerrarse un mes solo en un hotel, viviendo y pensando como haría Joker en verdad. Anotaba las sensaciones que tenía cada día como Joker en un diario, leía libros y los cómics que sirvieron de inspiración para la película y su desarrollo. Ejemplos similares conocidos los podemos encontrar en otros actores como Robert de Niro, James Woods, Daniel Day-Lewis o el propio Christian Bale en El Maquinista, que siendo contundentes y en ocasiones extremos han terminado por arrojar generalmente resultados positivos.

 

No se puede especular acerca de si la muerte del actor es consecuencia en parte de los excesos que realizó para este papel. Eso es algo que seguramente nunca podamos saber. Pero lo que no se puede obviar es la advertencia de Jack Nicholson, sabia por conocer a lo que se iba a enfrentar, de la enorme responsabilidad de aceptar el papel de Joker y que gran parte de la atención mundial en torno al mundo del cine caería sobre él. La campaña de promoción de una película como ésta es tan grande como sus números. Cientos de entrevistas en prensa y televisión, unidas a decenas de estrenos en incontables capitales del mundo. Sin ir más lejos, El Caballero Oscuro requirió contratar miles de personas en la ciudad de Chicago para el rodaje. Estamos hablando de una gran industria que pone toda su maquinaria en movimiento y que es muy difícil lidiar con sus complejos y exigentes requerimientos.

En todo caso y pese a perdernos la mitad de la interpretación a causa del inevitable doblaje por estas tierras, se puede afirmar que Ledger y su personaje son lo mejor de la película, dibujando un osado y anárquico psicópata que disfruta haciendo reinar el caos y que necesita de la existencia de Batman para seguir siendo su Némesis. Un papel plagado de matices y de una gran intensidad. Un hermoso y elaborado canto del cisne para alguien que se había arriesgado a ir más allá de terrenos comerciales, a trabajar con directores de culto y a encarnar papeles tabú como el del vaquero homosexual Ennis del Mar en Brokeback Mountain.

 

En el plano técnico nos encontramos con un producto con un presupuesto enorme, 185 millones de dólares, que se dejan notar en cada escena. En la ambientación se huye de cualquier rasgo gótico y el film se adentra con naturalidad en las urbes plagadas de rascacielos propias del siglo XXI, para describir una Gotham imaginaria, pero muy tangible. Entre las escenas más destacables nos encontramos la persecución del furgón policial que traslada a Harvey Dent, con Batman primero en el Batmóvil y después en su nueva y estupenda moto “Batpod” o “Batcycle”.

 

No tienen desperdicio la destrucción que originan en Gotham y su posterior enfrentamiento frente a frente. También goza de interés la secuencia en que dos ferries son víctimas de un cruel experimento sociológico. Cinematográficamente, no funciona demasiado bien la nueva habilidad de Batman de poder utilizar su visión a modo de sónar, por mucho que pudiera ser de utilidad en nuestra vida diaria. A destacar el excelente rostro logrado para Dos Caras con un trabajo de maquillaje muy notable, a la par desagradable y magnético. Además, he de elogiar a Nolan por prescindir de secuencias generadas por ordenador en favor del realismo.

En lo que se refiere al sustrato de la película cabe destacar la eterna lucha entre el bien y el mal, en este caso trastocada por la presencia de un ser que hace el mal por diversión, no por dinero ni por fama, sino por crear desorden y sembrar el pánico. Nunca está de más conocer personajes que se alejen de los tópicos del anhelo de dinero, poder o fama. También se aborda con mayor o menor acierto la búsqueda del héroe por abandonar su papel de salvador y su regreso a la vida terrenal, y la reacción imprevisible de alguien noble ante una terrible pérdida. Sin alejarnos de este último punto, se juega tanto en la secuencia de los ferries como con el personaje de Harvey Dent, con la capacidad de las personas de realizar las más terribles crueldades y a la par, ser capaces de desarrollar una nobleza sin igual. Esa dualidad que convierte al hombre en un ser superior al resto de animales. Tampoco se puede evitar establecer un paralelismo entre la Gotham ficticia y las megalópolis del siglo XXI, igualmente presas de la delincuencia, la miseria y la ambición sin medida. Por muchas décadas que pasen en las adaptaciones de Batman, Gotham está entre nosotros.

 

El Caballero Oscuro ocupó pocos días después de su estreno el número 1 de la popular base de datos imdb.com, propiedad de la empresa Amazon, con más de 200.000 votos y una nota media superior a los 9 puntos que la situaban por delante de clásicos como las dos primeras partes de El Padrino, Casablanca, Ciudadano Kane y obras más recientes como la trilogía de El Señor de los Anillos o la saga de La Guerra de las Galaxias. No es de recibo que sea yo quien pontifique que esto es una mamarrachada, sino que debe ser el propio espectador el que vea la cinta y haga un juicio crítico, alejando de su mente que uno de los protagonistas haya fenecido recientemente.

 

En este punto quiero hacer algunas reflexiones. La primera me remite de nuevo a imdb.com. En esa página, que es la mayor base de datos mundial del mundo del cine, se elabora una lista de los 250 mejores filmes de la historia según la opinión de los usuarios registrados y en función de una fórmula matemática que tiene en cuenta diversos factores. Resulta muy interesante e ilustrativo comprobar cómo unos días después del estreno de la mayoría de taquillazos de Hollywood o de cualquier película independiente que logra un importante éxito gracias al boca a boca, se alcanzan unas notas altísimas que elevan a muchas cintas a la cima de la historia del cine. Prueba de que la memoria de las personas es frágil y sesgada, es que las películas recientes tienden a copar la lista de las 250 imprescindibles, mientras que decenas de clásicos incuestionables brillan por su ausencia o se hunden en la misma. Un poco de cordura señores. No se dejen llevar por el impulso inicial de otorgar un 10 a cualquier película de medio pelo, ni a hundir a grandes obras por haber sido rodadas en blanco y negro, algo que por alguna razón muchos creen reñido con la calidad.

En segundo lugar, ¿en qué medida el fallecimiento de Heath Ledger ha afectado a los resultados en taquilla? Me atrevo a aventurar que gran parte del público que ha acudido a las salas lo ha hecho movida por su reciente muerte, quiero pensar que no tanto por el morbo, sino por la publicidad involuntaria. Aún con todo, el personaje de Joker, el prestigio de Batman y sus numerosos fans aseguraban una suculenta taquilla, aunque quizás más acorde a los números de Batman Begins.

 

El Caballero Oscuro no requiere un visionado en cines, es más deseable disfrutarla en casa en DVD o mejor aún en Blu-Ray, seleccionando el audio original en inglés con subtítulos en español, si estos son necesarios, para disfrutar de la última interpretación de Ledger. Veamos si el tiempo y la gente son crueles con este actor australiano y si con el paso de los años se le sigue recordando como en este verano en que ha roto la taquilla.


 
Del mismo modo, el tiempo en el arte cinematográfico tiende a colocar cada cinta en su sitio. Así, obras multipremiadas pasan en cuestión de años al más absoluto de los olvidos. El Caballero Oscuro, pese a su tremenda recaudación, pasará a engrosar la lista de estas películas, si la muerte del actor no lo impide. Yo, mientras tanto, repasaré las dos primeras adaptaciones de Tim Burton, que con su atmósfera gótica ganan de goleada a esta nueva forma de enfocar la saga.

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