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Enemigos Públicos





Director: Michael Mann.

Intérpretes: Johnny Depp, Christian Bale, Marion Cotillard, Billy Crudup, Stephen Dorff, Lili Taylor, Channing Tatum.

Nacionalidad: Estados Unidos.

Duración: 140 minutos.

por Asier Sisniega 

Que un director como Michael Mann se adentre en el mundo del hampa es sin duda un plato muy apetecible. El director, productor y guionista oriundo de Chicago posee a sus 66 años una filmografía no excesivamente abundante, pero sí tremendamente interesante y estimulante. Filmes como Heat, Ali, Collateral o El Dilema, todas ellas de su época más reciente, dan buena muestra de su estilo brioso, donde el montaje y el uso de la cámara alcanzan un nuevo sentido. Buena parte de los cinéfilos esperábamos del nuevo trabajo de Mann una especie de revisión posmodernista del género. Sin embargo, el resultado dista mucho de ser perfecto, pese a que las señas de identidad de su director se encuentren presentes.

Es el año 1933, en plena Gran Depresión. John Dillinger (Johnny Depp), el famoso ladrón de bancos, es conducido a la Prisión Estatal de Indiana por su compañero John “Red” Hamilton, que disfrazado de agente de prisiones lo lleva esposado al interior de la cárcel. La artimaña funciona y pronto logran liberar a varios miembros de su banda. Mientras tanto, la agencia del FBI acaba de nacer y su primer director, el polémico J. Edgar Hoover, decide ascender al agente Melvin Purvis (Christian Bale) que acaba de eliminar a otro conocido delincuente, Pretty Boy Floyd. Purvis estará ahora al cargo de acabar con el crimen organizado en el estado de Illinois, para lo cual contará con un grupo de primerizos, que pronto deberán ser respaldados por varios veteranos notablemente más competentes. Los golpes de la banda de John Dillinger se sucederán, también sus encarcelaciones y populares fugas. Entre tanto, conocerá al que según la película fue su gran amor, Billie Frechette (Marion Cotillard). Para cuando esta relación amorosa tiene lugar Dillinger es ya el criminal más conocido del país, elevado por el pueblo a la figura de un Robin Hood moderno. Éste roba el dinero a los imprudentes bancos responsables de la Gran Depresión, pero al contrario que el héroe inglés, no lo reparte entre los más necesitados.

Lo primero que llama la atención de Enemigos Públicos es la sensación en todo momento de déjà vu, pese a tratarse de uno de los grandes estrenos de la temporada. No es por tanto una cinta biográfica, un biopic más al uso, sino que narra únicamente un periodo de la vida de John Dillinger, sus atracos, estancias entre rejas, amoríos y posterior caída. El comienzo con la liberación de sus secuaces y posteriores atracos no hacen más que acrecentar la percepción de historia mil veces antes visionada.

Uno de los elementos que rompe el ritmo de la narración en la primera mitad es la relación con Billie Frechette (Marion Cotillard), que se produce quizás demasiado pronto y se alarga excesivamente en un momento aún preliminar de la historia. Sin embargo, la segunda parte del film sí que fluye adecuadamente, con algunas escenas a destacar, como por ejemplo la ficticia visita de Dillinger al Departamento de Policía asignado a su búsqueda o el trágico final, que guarda reminiscencias en la forma con otras obras de Francis Ford Coppola y Brian de Palma, por nombrar a dos directores aún en activo.

Si bien la película presenta una factura de primer orden, con una puesta en escena ejemplar, sí que se echa en falta un aporte mayor de un director siempre innovador como Michael Mann. A nivel técnico únicamente capta la atención el uso mayoritariamente en interiores de cámaras digitales de alta definición, aunque éstas también son usadas en algunos momentos en el exterior. Este intento por renovar visualmente el género choca enormemente con el clasicismo del resto de la propuesta, ya que otorga un look casi amateur a los interiores frente al cinematográfico resultado que ofrece el celuloide.

En cuanto a la dirección de actores, la película adolece de una polarización excesiva en su trío protagonista, desaprovechando prácticamente a todos los secundarios, entre los que se encuentran gente tan conocida como Lili Taylor, Billy Crudup, Giovanni Ribisi o Stephen Dorff. En lo que a los personajes principales se refiere, Depp construye su personaje de forma solvente, al igual que su compañera Marion Cotillard, de probado talento dramático. En Hollywood parecen querer otorgarle un presunto carácter exótico por ser francesa. Está por ver si su carrera en la meca del cine se alarga mucho más allá de su reciente Oscar y de las nuevas películas de Rob Marshall y Christopher Nolan, donde tendrá importantes papeles. Christian Bale, por su parte, encarna a un personaje frío y duro, quizás excesivamente hierático e inexpresivo. Y es que desde sus encarnaciones de Batman, su abundante musculatura parece haberle restado tensión y capacidad dramática.   

Bryan Burrough, autor del libro de no ficción en el que se basa el film, se congratulaba de haber logrado la película más precisa en torno a la figura de Dillinger. Bien es cierto que durante el rodaje se han utilizado muchos de los escenarios reales donde Dillinger vivió sus días, como por ejemplo una cárcel de Indiana, un coche real empleado por el ladrón e incluso uno de los bancos que atracó, hoy reconvertido en Academia de la Historia. A este realismo también contribuye una buena dirección artística y un adecuado vestuario. Sin embargo, en la película tienen lugar multitud de inconsistencias históricas. Así por ejemplo, cuando la banda se esconde en Little Bohemia Lodge, una casa de campo en Wisconsin, la película muestra cómo la mayor parte de los compañeros de andanzas de Dillinger mueren a manos de la policía, cuando en la realidad ningún gangster murió en aquella emboscada policial. Tampoco se menciona que Dillinger se casó con apenas 21 años con una joven de 16 o que la protagonista Billie Frechette estaba casada mientras mantenía la relación con el famoso atracador. Con todo, estas imprecisiones no afectan para nada a la calidad global de la película, ya que este tipo de modificaciones históricas se producen por doquier en el mundo del cine.

Mann se inclina por mostrar un criminal romántico en la línea de películas sobre la mafia como El Padrino. No lo glorifica como aseguran algunos críticos, pero tampoco lo criminaliza, optando por una visión más populista, cercana a la de Robin Hood antes mencionada. 

En definitiva, Enemigos Públicos es una película entretenida sin mayores consecuencias, más en su segunda mitad que en la primera, y que no aporta nada nuevo al género y mucho menos a la carrera de Mann, quedando relegada a un nivel de título menor dentro de su filmografía.  

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