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Expediente X: Creer es la Clave



Director: Chris Carter

Intérpretes: David Duchovny, Gillian Anderson, Mitch Pileggi, Amanda Peet, Billy Connolly, Alvin “Xzibit” Joiner.

Nacionalidad: Estados Unidos y Canadá.

Duración: 105 minutos.

por Asier Sisniega

Los seguidores de la serie de Chris Carter hemos leído durante años los rumores de una posible segunda película. En noviembre pasado adquirí un ejemplar del periódico Variety en Hollywood Boulevard y, para mi sorpresa, en su segunda hoja aparecía como noticia el inminente rodaje del presente filme. En ese momento deseé, que de una vez por todas, y después de varios años de descanso, se podría llevar a las salas de cine toda la esencia de Expediente X en dos horas de metraje, captando la atención no sólo de espectadores neófitos, sino ganándose el respeto de crítica, seguidores y de aquellos televidentes que abandonaron el barco allá por la sexta y séptima temporada, motivado a partes iguales por la execrable actitud de Telecinco en sus emisiones y por el fin de una moda en el panorama televisivo español. Seis años y unas semanas después del tan esperado fin de la serie llega simultáneamente la película a la mayoría de países. La duda es, ¿se habrá logrado acariciar aquello que deseé cuando leí la noticia del rodaje en Variety?

Chris Carter y su equipo habitual de la serie habían anunciado que este filme se hallaría enclavado entre una de las temporadas, de modo que en ningún caso sería la continuación de su final en 2002. La película se basaría en lo que entre la cultura de seguidores de la serie se definió como “monstruo de la semana”. Esto es, la trama no haría referencia a la compleja mitología de la serie, argumento éste que tanto descolocó a la audiencia profana en el estreno en salas de 1998. Tras visionar la cinta, se puede afirmar que esto no es del todo cierto. La historia se asienta en la época actual, seis años después de los apocalípticos acontecimientos del final de la novena temporada. Es por tanto una continuación de la serie en toda regla, pero sin atreverse a encarar las interrogantes que entonces se abrieron, tan sólo se hace mención de forma indirecta.

 
Quien quiera conocer lo que deparará el futuro de la serie, mucho me temo que se tendrá que conformar con lo que hay y que sólo podrá especular en su mente con diferentes desarrollos en el arco argumental. Y digo esto, porque el propio equipo ha afirmado la posibilidad de convertir la serie en una saga cinematográfica, pero en ningún caso continuando la mitología, sino como episodios sueltos que nada tendrían que ver con ésta. Este supuesto, está supeditado obviamente al reconocimiento global en taquilla, en un ejercicio similar al de la saga Star Trek. Desgraciadamente, los nefastos resultados en el box office estadounidense me obligan a admitir, muy a mi pesar, que estamos ante la última adaptación de la serie, a causa, según se comenta, de una inexistente campaña de publicidad por parte de FOX en ese país, o tal vez, según afirman otras personas, a que el tiempo de Expediente X ya pasó, y que los adolescentes actuales, que son los que acuden en masa a las salas, se sienten poco atraídos por una serie tan “alejada” en el tiempo que les resulta anacrónica.

Año 2008, Dana Scully trabaja como doctora en un hospital católico. Fox Mulder, mientras tanto, reside como un ermitaño en una casa alejada de toda vida. Al parecer, ambos viven separados, manteniendo el contacto en persona o de forma telefónica ocasionalmente. Una agente del FBI es secuestrada en Virginia Oeste. Un ex sacerdote acusado de pederastia asegura tener poderes sobrenaturales y que por medio de ellos puede ver en su mente que la mujer está viva, así como determinar dónde se encuentra un brazo humano en medio de una gran superficie nevada. El FBI duda de las capacidades especiales del ex párroco y solicita la ayuda de Fox Mulder para resolver el caso. Se ha de recordar que Mulder y Scully están alejados del FBI desde la última temporada de la serie. Contactan con Scully, por ser la única capaz de encontrar al huidizo Mulder, prometiendo que todos los cargos en su contra serán retirados si colabora. La modesta residencia de Fox se encuentra empapelada por centenares de recortes de periódico y posters, emulando su antiguo despacho en los sótanos de la Oficina Federal de Investigación. Éste se mostrará inicialmente reticente, para posteriormente entregarse en cuerpo y alma a la búsqueda de la mujer como sólo él lo sabe hacer.

La conclusión más plausible tras visionar la película es que tal vez sea imposible trasladar al cine en menos de dos horas la grandeza y la excelencia de lo logrado por la serie en su paso por televisión. Quien haya tenido la fortuna y buen criterio de disfrutar de los 202 capítulos de la serie sabrá a lo que me refiero. De tan ingente volumen de material, una abrumadora mayoría de capítulos logran unas cotas de calidad elevadísimas, algunos de ellos incluso son considerados como obras maestras, mientras que tan sólo una decena aproximadamente en sus nueve temporadas se pueden calificar de episodios de baja calidad. La serie, una de las más premiadas de la historia de la televisión, incluidos tres Globos de Oro a mejor serie dramática del año, conoció una primera adaptación en cines en 1998 como se ha mencionado anteriormente.

 
Esa cinta se enfocó como un espectáculo de grandes proporciones, contando con un elevado presupuesto y abundancia de medios, amén de continuar con la trama de la quinta temporada. Expediente X: La Película, se quedó en una película correcta, donde no se recogía toda la esencia de la serie al convertirla en un espectáculo puramente hollywoodiense con varias explosiones incluidas. En esta segunda que nos ocupa, se ha tomado el camino radicalmente opuesto, pues es más profunda, con mucho menor peso de la acción y del espectáculo, y sí una mayor relevancia de los diálogos, los personajes y los detalles. Pese a haber tratado de corregir los fallos de la primera, ésta no está exenta de numerosas taras que desgranaré más adelante.

 

Entre los aspectos positivos encontramos el mencionado en el párrafo anterior, ese deseo de profundizar en los personajes, en los detalles de la serie y su universo, rompiendo con los grilletes del espectáculo más tópico del Hollywood del siglo XXI. Esta limitación de medios puede responder a varias causas, y según cada una de ellas la lectura es muy diferente. Una limitación de medios no sólo puede significar que los actores han cobrado un salario muy alto, sino que el estudio no confiaba en recuperar totalmente la inversión. Se ha de tener en cuenta que en prácticamente ningún momento del metraje se asiste a nada que destaque en abundancia de medios por encima de un episodio de la serie, que ya de por sí contaba con un presupuesto enorme. Si este deseo de alejar al filme del mero espectáculo y acercarlo a la esencia de la serie es deliberado, sería digno de elogio, en especial tras los problemas de la primera adaptación. En todo caso, nos encontramos con una dirección artística y una puesta en escena que sigue al pie de la letra los cánones de la serie. Sin embargo, los puristas aducirán que una cosa es cine y otra bien diferente es televisión.

Otro de los aspectos más destacados es el humor, del que no sólo hace gala Mulder. Éste está muy bien dosificado, provocando la risa en muchos más momentos que cualquier comedia de saldo actual, además de su normalmente proverbial sutileza. Tampoco faltan decenas de guiños a los seguidores, desde los lápices clavados en el techo de la casa de Mulder a las pipas de girasol, la foto de su hermana Samantha, una matrícula con la palabra Roswell en un coche accidentado, los nombres de los productores y guionistas en el teléfono de Mulder o el propio director Chris Carter sentado en el pasillo del hospital donde trabaja Scully. Hilarante es el momento en que ambos protagonistas van a la sede central del FBI y observan en el pasillo la fotografía de George W. Bush y J. Edgar Hoover, al tiempo que suenan los famosos acordes compuestos por Mark Snow para los títulos de crédito de la serie. Momento impagable, que justifica por sí sólo el haber estrenado esta película, por su decidida mala uva, más aún cuando ésta es producida por FOX, de talante marcadamente republicano. Tampoco deben dejar pasar los seguidores de la serie la oportunidad de esperar hasta que terminen de aparecer al final de la película los nombres del equipo técnico y artístico, pues les espera una sorpresa muy agradable y veraniega.

 
La química entre ambos protagonistas existe, aunque no en todo momento y no en los niveles de los mejores capítulos de la serie. No deja de ser extraño verles en la cama juntos retozando y gastándose bromas sexuales. Queda el poso de que llegados a este punto, es muy difícil lograr que la serie tenga un amplio futuro por delante. La pulsión sexual que había entre ambos se rompió, dio origen a William, pero también al declive de la serie, dando la razón a Chris Carter.

El trabajo de David Duchovny es correcto, en su línea. Es Gillian Anderson la que descoloca en diversos momentos, más aún a los espectadores de España. Su dobladora habitual, Laura Palacios, ha tenido que ser sustituida por María del Mar Tamarit, debido a enfermedad de la primera. Esto que puede parecer una nimiedad, se torna en un obstáculo importante para aceptar al personaje, más aún cuando Scully no recibe el tratamiento más adecuado en la cinta. Además, la propia Gillian Anderson presenta un aspecto estropeado, con una delgadez acusada, nariz aguileña y un rastro en su rostro de que la vida la ha tratado mal en estos seis años. Su actuación también es aceptable, pero queda lejos de las maravillosas interpretaciones que nos dejó especialmente allá por la temporada cuarta. De cualquier manera, el personaje que se le ha ofrecido poco tiene que ver con la Scully que hemos conocido, tampoco sus diálogos son como para esperar florituras, así que poco se puede echar en cara a la actriz. Además, su eterna lucha con la fe parece bastante más forzada en la cinta que en la serie.

Entre los secundarios encontramos la magnífica actuación de Billy Connolly, como sacerdote aficionado a los monaguillos, la presencia de una un tanto perdida Amanda Peet y la celebrada aparición de Mitch Pileggi en su papel de Walter Skinner, a pesar de que sólo llega a hablar unas pocas frases. 

Entre los aspectos más negativos se encuentra el mencionado previamente. Scully es inexplicablemente relegada por muchos momentos a un segundo plano. Se crea una historia bastante superflua acerca de un niño con una enfermedad terminal, que no resulta creíble y no parece encajar en la historia, más allá del objeto de mantenerla alejada de la primera línea de acción. La jugada parece, por tanto, un mero pretexto argumental que se podría considerar además machista. La escritora Sara Martín mencionaba en su magnífico libro Expediente X: en honor a la verdad, que la serie y, por extensión, el personaje de Scully habían sido creados mayoritariamente por hombres, concibiendo un personaje magnífico, pero siempre supeditado al egoísmo de su compañero, que no duda incluso en dejarla sin la presencia de su hijo William en pos de su sempiterna búsqueda de la verdad. Aquí no solamente se antepone el egoísmo de él, sino que se la relega descaradamente a un hospital. Los aficionados esperábamos una investigación conjunta, esas escenas en que ambos iban tocando timbres por las puertas en busca de pruebas, pero nos tenemos que conformar con la posición de Mulder como héroe único que lleva la delantera, por mucho que en el final de la película ella se convierta en la salvadora de un Mulder un tanto torpe.

 

Los episodios de Expediente X, de entre 42 y 45 minutos de duración, se dividían en cuatro bloques para poder introducir la publicidad entre cada uno de ellos. Esto proporcionaba un avance en la narración cada varios minutos, generalmente acompañado de clímax o giros que eran parte responsable del éxito de la serie. En la película, ante la ausencia de publicidad, estos momentos desaparecen y no son sustituidos, la película avanza por momentos sin saber muy bien a dónde se dirige, por mucho que los protagonistas nos pongan al corriente de los hechos.

La sencillez narrativa también es una de las fallas del filme. Así, se explica descaradamente al espectador los avances, tratando de aligerar la carga cerebral del espectador del siglo XXI. Si por algo se caracterizaba Expediente X era por sus extraordinarios guiones, una trama compleja plagada de recovecos sin explicación, que dejaban abierta la posibilidad de una interpretación personal por parte de cada espectador. En X Files: Creer es la clave, no sólo se allana el camino prescindiendo de la enrevesada mitología, sino que el “monstruo de la semana” también se aligera de peso para que pueda llegar a un público más amplio. Esto, sin duda, decepcionará a los aficionados.

 

La trama igualmente es ciertamente decepcionante. La propia serie ya ha albergado episodios en que se trataba la cuestión de los videntes que pueden adivinar la presencia de secuestrados o de cadáveres, además de ser un tema recurrente en el cine. No cabe esperar en el film ningún giro argumental inesperado, ni una trama que se vaya enriqueciendo, pues ésta es simple de principio a fin, a años luz de los mejores y atrevidos episodios de la serie, que sentaron cátedra en el modo de hacer televisión.

Ver la serie a día de hoy es incluso más reconfortante que en el momento de su emisión, dado que el nivel de complejidad de tramas y guiones en Hollywood ha decaído mucho, salvo contadas excepciones. Esta película, sin embargo, concuerda con el thriller más convencional. El film parece más un batiburrillo de decenas de películas como “El Coleccionista de Amantes”, “La Hora de la Araña”, “El Silencio de los Corderos”, “El Coleccionista de Muñecas” y un largo etcétera, en el que se ha agregado a la pareja protagonista sin mayor complicación. Es como si la historia no se hubiera desarrollado para Mulder y Scully, sino para quizás Ashley Judd y Morgan Freeman, por mencionar a dos habituales del género.

 

No sólo por su argumento no recuerda en demasía a Expediente X, sino que los propios fenómenos paranormales que aludían los títulos de crédito apenas se manifiestan levemente en la manida figura del sacerdote vidente. Otro punto igualmente decepcionante, en especial si repasamos la extraordinaria variedad y complejidad de fenómenos extraños de la serie. Resulta frustrante pensar que Chris Carter y su equipo de colaboradores habituales sólo hayan logrado desarrollar este argumento tan poco estimulante en más de un lustro. Sin duda, a la película le falta parte del alma que a la serie le sobra.

Tras haber leído hasta aquí, puede que la conclusión final de la película parezca negativa, cuando no lo es del todo así. Simplemente se trata de comparar las cotas de calidad alcanzadas por la serie y lo que se ha conseguido trasladar a la gran pantalla, que es netamente inferior. Tal vez, como me cuestionaba en un inicio, sea imposible llevar el universo de Expediente X al cine en igualdad de condiciones que en televisión. En cine es mucho más difícil relajarse en la narración, desarrollar los personajes y la esencia de la serie en 105 minutos, ya que el público está acostumbrado a ser mucho más exigente en el ritmo y en el montaje. En mi caso, recuerdo entre mis favoritos algunos capítulos pausados, por ejemplo Quagmire en la tercera temporada, en el cual pasaban una noche junto a un lago donde supuestamente habitaba una criatura. Allí, Mulder y Scully dialogaban bajo una manta durante 15 o 20 minutos de episodio, y se llegaba a profundizar en sus almas, en su filosofía de vida, en su amistad, en sus anhelos y miedos, con humor y ternura. Mucho me temo que no es posible en el cine mainstream de hoy en día ver desarrollarse estos aspectos de forma tan dilatada en el tiempo. Siempre nos quedará la serie para poder disfrutar de esos momentos.  

 

Como colofón, mencionar que pese a sus evidentes taras, Expediente X: Creer es la clave es una película agradable de ver, que emocionará por momentos a sus más fieles seguidores por poder vivir el reencuentro en la gran pantalla, con un humor marca de la casa, pero que se ve lastrada por un argumento mejorable y por un mal empleo de sus carismáticos protagonistas, que no atrapará a nuevos seguidores ni servirá de botón de muestra, ni tampoco para acallar a los más críticos que pronto olvidan lo que se ha logrado años atrás.

Muchos se sentirán decepcionados por ver cómo la película se sitúa en el tiempo presente y se opta por no progresar en la trama que nos deparaba una Navidad movida en el año 2012. ¿Tal vez una nueva entrega para esa fecha? Esperemos que sí, pero más elaborada. Un film recomendado a los seguidores de Expediente X y a los que gustan de los thrillers más convencionales.

Valoración: