Cine
Música Varios Fotografías Relatos Quiénes Somos

Ratatouille





Director: Brad Bird

Intérpretes (Versión Original): Patton Oswalt, Ian Holm, Lou Romano, Brian Dennehy, Peter Shon, Peter O’Toole, Brad Garrett, Janeane Garofalo, Will Arnett.

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración: 110 minutos.

por Asier Sisniega 

Entrantes    

 

Octavo largometraje de Pixar, compañía responsable de la mayor parte de los éxitos en el mundo de la animación a lo largo de los últimos años. La relación de Pixar con los dibujos animados ha ido indisociablemente unida con el desarrollo de los ordenadores. Así, tras numerosos y multipremiados cortometrajes, Pixar, con John Lasseter a la cabeza, estrenó el primer largometraje enteramente producido por ordenador, Toy Story, que además de una abultada taquilla y un Oscar a sus logros técnicos supuso la progresiva desaparición del cine de animación tradicional, al menos en las salas de cine, desembocando en una mayor presencia del cine de animación prerenderizado.

Enumerar la lista de títulos de Pixar supone pasar de éxito en éxito, algunos más lustrosos que otros, pero que indudablemente atesoran grandes cotas de calidad. Que el futuro de la compañía Disney como líder de animación haya dependido del buen hacer de estos chicos da una buena idea de sus méritos. A las dos partes de Toy Story hay que unir Bichos, Monstruos S.A., Buscando a Nemo, Los Increíbles, Cars y la que ahora nos ocupa, Ratatouille.

 


La idea de otorgar el protagonismo a una rata puede resultar de lo más manida. El hecho de que la rata tenga inquietudes culinarias puede suponer un mero pretexto para llevar a cabo un producto alimenticio que engorde las arcas de la empresa. Nada más lejos de la realidad. Ratatouille no supone en ningún caso un retroceso en las cotas de calidad de la compañía, ni siquiera una evidente falta de ideas, mas al contrario Ratatouille se convierte en una de las mejores cintas del estudio y destaca en prácticamente todos los aspectos.

 

Primer Plato   

 

Rémy es una rata que vive bajo el tejado de una casa francesa junto al resto de su amplia familia. A diferencia de estos, Rémy posee una increíble capacidad para discernir entre los alimentos en buen y mal estado. Más aún, tiene el criterio suficiente para determinar los ingredientes necesarios a la hora de elaborar un suculento plato digno del mejor chef. En las numerosas incursiones que Rémy realiza a la cocina de la casa habitada por una anciana éste descubre al chef Gusteau, el cocinero más reputado de toda Francia, empeñado en que cualquiera tiene la capacidad necesaria para cocinar. La enorme competencia entre chefs y algunos críticos sin alma terminan con su carrera y posteriormente con la vida de este orondo chef. Rémy, acompañado de su hermano en el interior de la cocina, despiertan a la anciana que no duda en arremeter contra todos las ratas que habitan la casa. En su huida Rémy perderá el contacto con su familia y se verá abocado a ganarse la vida en París, precisamente en el restaurante del difunto Gusteau haciendo aquello que mejor sabe hacer, cocinar, o al menos hacerlo de forma indirecta.


 

Segundo Plato  

 

Ratatouille cuenta con un gran poder de magnetismo desde el primer minuto. La historia se va hilvanando con soltura, habilidad y gracia, llevando inevitablemente una sonrisa a nuestros labios. Si bien la sonrisa está garantizada, las risas no lo están tanto, pero esto es algo que sus responsables buscan deliberadamente, pues no se trata de una historia conformada a base de gags, sino que presenta un argumento más consistente. De una manera muy efectiva el film nos introduce en las entrañas del París idílico, dotando a la película de todo tipo de sabores, que no tardarán en abrirnos el apetito. Si su director buscaba transmitir su amor por el buen comer, vaya si lo ha conseguido.

A nivel técnico la película vuelve a rayar a los niveles impecables a los que nos tiene acostumbrados el género. La película no destaca por tener demasiados exteriores, sino que la mayor parte del metraje tiene lugar en la cocina, entre fogones, por lo que el espectáculo visual se ve algo más limitado en ese aspecto, algo que se compensa con una concienzuda representación de la vida en un restaurante de primer orden. Sin duda, todo el equipo de animadores ha aprendido mucho de cocina durante la preparación de la cinta.

 

La película se desarrolla con agilidad hasta el final, y el espectador asiste preocupado a la evaluación del crítico más indeseable, Anton Ego, como si de pasar un examen propio se tratase. Rémy, el protagonista, no tarda en confraternizar con el espectador, en especial porque continuamente pone sobre la mesa sus sentimientos. Más patoso y convencional resulta el jovenzuelo Linguini, persona que encarna la impericia habitualmente asociada al novato.

En el terreno negativo se puede aludir que lo que puede resultar una baza, en este caso la vida en la cocina, se puede tornar en cierta reiteración si la mayor parte de la película tiene lugar en ese espacio. De cualquier manera, los periodos de tiempo entre platos no son lo que se dice aburridos. Por otra parte, se respira en el ambiente ese mundo quizás demasiado perfecto de las películas Disney, que transmite a los niños que con esfuerzo y tesón todo se puede lograr en esta vida, es decir, el archiconocido sueño americano que el tiempo ha puesto en su sitio. Los personajes en la película sabemos que van a tener un final feliz y que todos los escollos pueden ser superados. La relación entre Linguini y Colette no deja de ser de lo más convencional, con una chica inicialmente hosca, pero que pronto cae rendida a los pies del protagonista. Se echa por tanto en falta quizás algún componente más de entretenimiento para el público adulto que en masa acompaña a sus hijos a estas películas. Sin embargo, es de rigor mencionar que en la escena de la anciana que utiliza su escopeta se puede ver una referencia al vicepresidente de los Estados Unidos y sus turbios negocios armamentísticos, un pequeño toque de mala uva oculto en una película tierna como la que nos ocupa.

 
Otro de los aspectos a destacar en la cinta es la dura batalla que sigue el protagonista por realizar aquello que más desea pese a la incomprensión de cuantos le rodean. Éste es un punto recurrente en la vida de casi cualquier artista, como así lo ha reflejado el cine, pero nunca está de más recordarlo, ya que esta lucha ha permitido que hoy disfrutemos de muchas de las más grandes obras de arte.

 Postres  

 
Brad Bird vuelve a dar en el clavo tras sus aclamadas El Gigante de Hierro y Los Increíbles. Realiza un ejercicio excelente, espectacular por momentos, quedando sobradamente demostrado su talento para estos menesteres. No hay que olvidar que fue consultor ejecutivo de 181 episodios de Los Simpson, precisamente aquellos que coinciden con algunas de sus mejores temporadas.  Pixar, a su vez, continúa por la senda del éxito y la calidad, deseando que en el futuro continúen luchando por las buenas historias, y que no se duerman en los laureles o caigan en la comedia fácil y poco imaginativa a la que acostumbra Disney en sus cintas no animadas. No se la pierdan, pues es deliciosa.


Valoración: