Cine
Música Varios Informática Fotografías Relatos Quiénes Somos

Up



Director: Pete Docter y Bob Peterson.

Intérpretes (Versión Original): Edward Asner, Christopher Plummer, Jordan Nagai, Bob Peterson, Delroy Lindo, Jerome Ranft.

Intérpretes (Versión Doblada): Luis Varela, Julián Mora, Claudio Rodríguez, Juan Amador Pulido, Luis Bajo, José Escobosa, Fernando Cabrera, Matías Prats Jr.

Nacionalidad: Estados Unidos.

Duración: 96 minutos.

por Asier Sisniega

Wall-E se coronó el año pasado como el mayor logro de la casa Pixar en sus ya 23 años de historia, colocando el listón de calidad tan alto que se antojaba difícil que cualquier otra producción de la empresa pudiera superarlo en un corto periodo de tiempo. Up apuntaba maneras desde que su primer trailer fue mostrado. La atención sobre ella se multiplicó cuando se anunció que sería la primera película de animación que abriera el Festival de Cine de Cannes. Las críticas fueron muy positivas, haciendo hincapié en un magnífico primer tercio, que muchos colocaban entre lo mejor visto este año en la Costa Azul francesa. La interrogante partía de no saber si el resto de la cinta soportaría el peso de esa vigorosa y afortunada introducción.

Carl Fredricksen es un niño parco en palabras, pero con gran inquietud aventurera. Desde su más tierna infancia asiste a las proyecciones en los cines del eminente explorador Charles Muntz, hasta el punto de vivir sus aventuras como propias. Extrañamente descubre que lo que parecía una fascinación peregrina también es compartida por una niña llamada Ellie, que no duda en ponerse manos a la obra para vivir sus aventuras. Ambos jovenzuelos se enamoran y vivirán una adolescencia de sueños de audacia. Carl y Ellie se comprometieron entonces a trasladarse con su casa hasta las Cataratas Paraíso, en la lejana Venezuela. Sin embargo, el matrimonio llega y con la vida adulta las posibilidades de cumplir su sueño se van diluyendo. Los años pasan y las canas brotan. Cuando Carl decide comprar unos billetes de avión para cumplir su palabra, la salud de Ellie es tan débil que no podrá llegar a materializar su sueño. Carl, hundido ante la pérdida de la que ha sido su compañera de correrías desde la más tierna infancia, se encierra en su hogar, viendo pasar la vida. Las acometidas inmobiliarias en el barrio impiden que Carl pueda llevar una vida tranquila hasta el fin de sus días. Cuando todo se vuelve en su contra decide en secreto inflar varias decenas de miles de globos y emprender el viaje de su vida, aquél que siempre postergó por las vicisitudes de la vida moderna. El joven explorador Russell le acompañará en esta inesperada aventura.

La originalidad de Up no puede ser puesta en solfa, al menos no en su premisa inicial. Es cierto que existen influencias reconocidas por sus responsables, como la casa voladora de El Mago de Oz (1939), el científico desacreditado de El Mundo Perdido (1925) o la historia de amor de una joven pareja que se desplaza a vivir a una casa abandonada en Qué Bello es Vivir (1946). Es evidente que la ensoñación propia de Capra inunda parte de la cinta, al igual que la tragedia. Así pues, la primera media hora de Up es de una fuerza desbordante, poderosamente arrebatadora y emotiva, presentada al igual que Wall-E sin diálogos y acompañada de una bella melodía clásica. El inexorable paso del tiempo, la pérdida de los seres queridos y las oportunidades abandonadas en la cuneta, la soledad o los achaques de la vejez son presentados de forma brillante y con una gran sutileza. Su director Pete Docter asegura que la idea de que la casa volase con globos partió de su cada mayor incapacidad para lidiar con la sociedad, lo cual le llevaba a desear huir a algún lugar alejado de cualquier presencia humana. Y lo que consigue es ciertamente fascinante, poder dejar el lugar que nos oprime para estar más en contacto con la naturaleza sin necesidad de abandonar nuestro hogar, sin dejar atrás esas cuatro paredes de las cuales cuelgan los cuadros de nuestros familiares. Ver volar esa casa transmite vida al protagonista y por extensión al público.

Este tercio inicial sólo puede ser calificado de genial. Es a partir de ahí cuando viene la prueba de fuego para el film y donde no consigue mantener el elevado nivel. El viaje hasta Venezuela es extremadamente breve, podría haber sido exprimido mucho más. La presencia de un niño y de animales parlanchines nos remite a tantas otras obras de animación. En Up se pierde la oportunidad de romper con esos clichés y que sea un anciano el que verdaderamente protagonice la película, sin necesidad de acompañantes que añadan la nota de humor. Más aún, cuando la avanzada edad del protagonista da pie a chistes mejores que los que pueden aportar el niño o los animales de la cinta.

Las motivaciones de la película a partir de ese punto se difuminan. El espectador deja de tener claro si se persigue alcanzar el borde de la catarata y allí colocar la vivienda flotante, cerrando la promesa realizada a su fenecida esposa, o si el objetivo último es salvar a esa extraña y gigantesca ave conocida como Kevin. Todo esto puede tener una explicación sencilla: una vez alcanzado el objetivo de llevar la casa hasta los confines de Venezuela, es tiempo de vivir otras aventuras y salvar esa desconocida ave. Pero en el proceso, el espectador se siente perdido, no ve claro el objetivo a lograr y el desarrollo se muestra como falto de algún engranaje. Se atisba también en ese punto una falta de ideas, que se pone de manifiesto en la escasa duración de la película, apenas 96 minutos, de los cuales buena parte son títulos de crédito y escenas de acción, siendo la película más corta de Pixar hasta la fecha. Además, se abandona la vertiente más poética a favor de la acción más reconocible. Se pasa de un mensaje con alto poso adulto a una lectura mucho más infantil y manida.

En el aspecto técnico Up raya a un alto nivel, como es habitual en este estudio. La banda sonora de corte clásico de Michael Giacchino encaja a la perfección. El humor es un aspecto que quizás no sobresalga demasiado. Existen gags, pero estos no son abundantes. A destacar especialmente la pelea entre ambos ancianos en el Museo de Historia Natural en el interior del zepelín, completamente desternillante. El personaje del anciano Carl es presentado de forma ejemplar al comienzo, pero se echa en falta algo más de profundidad, especialmente en el personaje de Russell, del que acabamos sabiendo únicamente que es un prototípico joven explorador, cuyo padre está demasiado ocupado para acudir a los actos públicos donde participa su hijo y que éste anhela poder volver a compartir los momentos de felicidad junto a su padre comiendo un helado sobre el bordillo de una acera. Eso es todo lo que conocemos del personaje. Según ha admitido Pixar, Russell fue incorporado más tarde al proyecto y eso se percibe en el resultado.

En definitiva, Pixar ha logrado cuajar una película con una primera parte excepcional, que justifica por sí sola su visionado y a partir de ahí parece quedarse sin ideas y no sorprende. Bien es cierto que es imaginativo ver a un grupo de personajes en medio de la selva venezolana sujetando con un cordón una casa flotante, pero la magnífica idea inicial no logra un desarrollo a la altura. Esperemos que no les ocurra lo mismo en próximos proyectos como Toy Story 3. Up es una película agradable para pasar una tarde de verano, pero que no alcanza las cotas de maestría de la reciente Wall-E.

Valoración: