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Diamante de Sangre

 

Director: Edward Zwick

Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Jennifer Connelly, Djimon Hounsou, Stephen Collins, Jimi Mistry, Ato Essandoh, Michael Sheen.

Nacionalidad: Estados Unidos.

Duración: 143 minutos.

por Asier Sisniega

Durante las últimas décadas si ha habido un continente olvidado por la industria del cine ése ha sido África. Del mismo modo que sus economías representaban porcentajes mínimos del PIB mundial, el número de películas que tenían como escenario el continente africano era igualmente minúsculo. De un tiempo a esta parte se está comenzando a hacer justicia, tratando de ir más allá para adentrarnos en sus cruentas guerras civiles, hambrunas permanentes y en especial la relación de sus economías con las del primer mundo, es decir, la sucesión de gobiernos corruptos, el tráfico de armas, minerales y recursos energéticos, así como las actuaciones de las grandes farmacéuticas o el tráfico de animales.

En estos últimos años África ha dejado de ser reflejado por el mundo del celuloide como una sucesión de tópicos, para profundizar y tratar con mayor realismo casi todas las temáticas abarcables. Buen ejemplo de ello son El Jardinero Fiel, Hotel Rwanda, El Señor de la Guerra, documentales como La Pesadilla de Darwin, Black Hawk Derribado, El Último Rey de Escocia de próximo estreno, además de otras muchas. Diamante de Sangre supone una aproximación al origen de un porcentaje del comercio mundial de diamantes, cuya venta financia las actividades militares de grupos revolucionarios que se han hecho con el poder de yacimientos de diamantes. A estos diamantes se les denominan diamantes de conflicto o diamantes de sangre. Con el fin de aportar más  transparencia a su comercio y tratar de que su obtención no suponga la muerte de miles de personas o su semiesclavitud, se aprobó en 2002 el Proceso Kimberley por parte de Naciones Unidas, los países implicados en la compraventa de diamantes y las principales empresas del sector. A pesar de este proceso, su éxito ha sido relativo y aún hoy se estima que un 2 o 3% del comercio mundial del sector son diamantes de sangre.


Danny Archer (Leonardo Dicaprio) interpreta a un ex mercenario de Zimbabwe que se dedica al tráfico de diamantes. Éste los consigue en Sierra Leona para posteriormente sacarlos del país de manera ilegal en los lugares más insospechados a Liberia, lugar desde donde son llevados a Londres. Paradójicamente Liberia no cuenta con yacimientos de diamantes. A su vez, y como parte de otro eslabón de la cadena, encontramos a Solomon Vandy (Djimon Hounsou), un pescador Mende que sólo busca la mejor educación para su hijo. Un buen día su pueblo es arrasado por los revolucionarios, que matan sin contemplación a la mayor parte de la gente o les realizan terribles amputaciones. Solomon logra que su familia huya, pagándolo con su propia esclavitud. Este pescador se verá obligado a buscar diamantes en los fondos de los ríos con la única esperanza de poder huir y encontrar a su familia. En una de las maratonianas jornadas de búsqueda de esta piedra Solomon se topa con un gran diamante que trata de enterrar. El ejército gubernamental toma la zona rebelde en esos preciosos instantes, logrando indirectamente Solomon su libertad, pero por delante tiene aún la difícil tarea de encontrar a su familia.

Maddy Bowen (Jennifer Connelly) es una periodista que trata de conseguir el gran artículo que demuestre la relación directa entre las grandes empresas del sector y los diamantes de conflicto. Su confidente será el propio Archer. A su vez Danny Archer utilizará a Solomon para encontrar el gran diamante y a Maddy Bowen para poder alcanzar cualquier parte del territorio actuando como periodista. Completando el triángulo de intereses, Solomon empleará a ambos para encontrar a su familia.


Danny Archer (Leonardo Dicaprio) interpreta a un ex mercenario de Zimbabwe que se dedica al tráfico de diamantes. Éste los consigue en Sierra Leona para posteriormente sacarlos del país de manera ilegal en los lugares más insospechados a Liberia, lugar desde donde son llevados a Londres. Paradójicamente Liberia no cuenta con yacimientos de diamantes. A su vez, y como parte de otro eslabón de la cadena, encontramos a Solomon Vandy (Djimon Hounsou), un pescador Mende que sólo busca la mejor educación para su hijo. Un buen día su pueblo es arrasado por los revolucionarios, que matan sin contemplación a la mayor parte de la gente o les realizan terribles amputaciones. Solomon logra que su familia huya, pagándolo con su propia esclavitud. Este pescador se verá obligado a buscar diamantes en los fondos de los ríos con la única esperanza de poder huir y encontrar a su familia. En una de las maratonianas jornadas de búsqueda de esta piedra Solomon se topa con un gran diamante que trata de enterrar. El ejército gubernamental toma la zona rebelde en esos preciosos instantes, logrando indirectamente Solomon su libertad, pero por delante tiene aún la difícil tarea de encontrar a su familia.

Maddy Bowen (Jennifer Connelly) es una periodista que trata de conseguir el gran artículo que demuestre la relación directa entre las grandes empresas del sector y los diamantes de conflicto. Su confidente será el propio Archer. A su vez Danny Archer utilizará a Solomon para encontrar el gran diamante y a Maddy Bowen para poder alcanzar cualquier parte del territorio actuando como periodista. Completando el triángulo de intereses, Solomon empleará a ambos para encontrar a su familia.


Con todo, la película cuenta con momentos de gran intensidad y emotividad, en especial cuando Dia Vandy apunta a Danny y Solomon con un arma, para luego padre e hijo romper a llorar; también cuando Danny llama a Maddy poco antes de fallecer y mezcla su sangre con esa tierra rojiza, color que los oriundos atribuyen a la propia sangre derramada por el pueblo durante siglos. Igualmente sobrecogen las terribles matanzas y condiciones de vida, contrapuestas al lujo de las joyerías de los países del primer mundo. El film recoge tal crueldad que nuestra mente lucha por aceptar la realidad de la misma, literalmente es imposible de asimilar por cualquier persona que se considere un ser humano. 

Leonardo Dicaprio, que opta al Oscar a mejor actor principal por este trabajo, realiza un papel correcto, inferior al realizado este mismo año en Infiltrados por la cual no ha sido nominado. Dicaprio muestra con su participación el rechazo a este negocio e incluso reserva un cameo a su propia madre y abuela. Djimon Hounsou, cuyo pasado bien merecería una película, vuelve a completar una magnífica actuación, que al igual que en Amistad destila intensidad por los cuatro costados. Después de su nominación por En América, ésta supone su segunda nominación al Oscar en la categoría de mejor actor de reparto. Jennifer Connelly continúa en su buena línea, encadenando trabajos interesantes en estos últimos años.


En el terreno negativo se podría hablar de una cierta falta de personalidad detrás de la cámara, Edward Zwick busca momentos épicos y en ocasiones los consigue, pero le falta un cierto toque personal, una huella que diferencie sus productos de lo más convencional de Hollywood. Estableciendo una comparativa en la temática africana, Fernando Meirelles imprimía ese toque personal de claras influencias en El Jardinero Fiel, que he mencionado varias veces en este texto. Aún así, resulta cuando menos una cura de conciencia de Hollywood que esperemos se vea acrecentada en el futuro. A destacar la hermosa partitura de James Newton Howard y la buena fotografía del portugués Eduardo Serra, aunque en esto último el mérito también reside en los maravillosos paisajes africanos.

Una buena película, necesaria, que podría haber dado más de sí en otras manos, pero que supone un producto muy recomendable.

Valoración: