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Melinda y Melinda



Director: Woody Allen

Intérpretes: Radha Mitchel, Will Ferrell, Chloë Sevigny, Amanda Peet, Chiwetel Ejiofor, Jonny Lee Millar, Zak Orth, Wallace Shawn, Brooke Smith, Vinessa Shaw.

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración: 102 minutos

por Asier Sisniega 

Tras no haber cosechado buenas críticas con sus últimos trabajos, Woody Allen nos presenta su película anual, Melinda y Melinda. El último festival de cine de San Sebastián tuvo el honor de inaugurar el certamen con este film, contando con la presencia del director que recogía, superando algunas de sus fobias, el premio Donostia. La película recibió una cálida acogida. Muchos aseguraban  que estábamos ante la mejor película de los últimos años del director neoyorkino. ¿Cumple las expectativas? Sin duda sí.

 

La historia arranca con un grupo de intelectuales departiendo en un café de Manhattan, donde dos de ellos son escritores. El mayor, está especializado en ver los toques de comedia en los dramas diarios, mientras que el segundo lo interpreta todo de una forma directamente dramática. Uno de los contertulios comenta la anécdota de una mujer treintañera, moralmente destrozada, que se presenta en el piso de una vieja amiga sin avisar, interrumpiendo una importante cena. Los escritores irán hilvanando una historia, aportando cada uno sus particulares visiones de los personajes. De este modo, secuencias dramáticas y de comedia se irán sucediendo, donde el amor es la temática central y Melinda el único personaje común en ambos puntos de vista.






La trama, es pues, una idea de gran originalidad, manejando magistralmente ambos estilos, si bien el drama es el que mayor peso específico tiene. La película no decae en ningún momento, aunque muchos de los aficionados de Allen verán en ésta de nuevo los rasgos habituales de su director. Treintañeros inseguros, que viven en Manhattan, con pocas certezas en el mundo del amor y muchos vaivenes sexuales. Es aquí donde es muy probable que el espectador deje de sentirse identificado. La película se desarrolla en ambientes intelectuales y snobs de un grupo aburguesado y sofisticado, que va de fiesta en fiesta, y donde cualquier momento del día es bueno para tomarse tres vodkas. Para aquellos que no tengan un piso de 3 millones de dólares, ni se codeen todas las noches con la jet set de Nueva York, puede resultar una película insulsa, donde los personajes no ven más allá de su propio ombligo, en un mundo achicado y cerrado. El director lo trata como algo natural, pero para el común de los mortales no lo es así.

 

Bien es cierto que critica a determinados sectores como los gigoloes de rasgos perfectos, que creen que todo lo pueden comprar con dinero, exhibiendo los trofeos de sus conquistas en un enorme salón.





Buena actuación de Will Ferrell, aunque sobre todo de Radha Mitchell, que interpreta las dos caras de una misma moneda. En sus actuaciones se aprecian los gestos habituales de su director, que esta vez no aparece en pantalla, pero uno siente que trata de convertir a Will Ferrell en algo así como el alter ego que debería ser y que nunca ha sido. Ciertos histrionismos pueden poner nervioso a los que no gusten del cine de Allen.

 

La película cuenta con una buena dirección artística, acompañada de una fotografía de hermosos tonos dorados y amarillos otoñales, que aportan un aroma elegante al relato. Una brillante historia, muy bien construida, que supone la vuelta de Woody Allen a su mejor cine y un soplo de aire fresco a las viciadas salas de cine de los grandes centros comerciales. Muy recomendable, aunque no espere grandes carcajadas y sí muchos sentimientos compulsivos.

 

Valoración: