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Las Crónicas de Narnia:
El León, La Bruja y el Armario



Director: Andrew Adamson

Intérpretes: Georgie Henley, Skandar Keynes, William Moseley, Anna Popplewell, Jim Broadbent, Tilda Swinton.

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración: 140 minutos.

por Asier Sisniega

Disney intenta sacar partido del éxito cosechado por las recientes adaptaciones de sagas literarias con el estreno en cines del primer volumen de las Crónicas de Narnia en plena campaña navideña. Esta obra, escrita por el irlandés C.S. Lewis entre 1950 y 1956 consta de 7 volúmenes donde pone de manifiesto muchos de sus valores e ideas acerca de la religión y la existencia en general. Fue profesor universitario en Oxford y principal miembro del círculo literario The Inklings, del cual también era miembro J.R.R. Tolkien. Ambos fraguaron una gran amistad hasta el punto de que Tolkien resultó determinante en que Lewis se hiciera católico. Es cuando menos curioso que ambos escritores crearan universos propios, plagados de seres mitológicos y fantásticos, con evidentes referencias bíblicas. Los dos se influyeron mutuamente, aunque parece ser que Tolkien tuvo un mayor influjo sobre Lewis y el primero siempre despreció sus libros de fantasía. Cabe destacar que Lewis también realizó obras de ciencia ficción, filosofía y religión.

 
Volvamos de nuevo sobre la película, aunque era interesante conocer un poco las circunstancias de su origen. Disney ha contado con el director Andrew Adamson, responsable de los dos films de Shrek, para llevar el mundo de Narnia a la gran pantalla. La película está funcionando muy bien en todo el mundo, ¿se podrán adaptar los siete volúmenes al cine o terminará todo mucho antes que en el papel?





Los alemanes han comenzado el intenso bombardeo sobre Londres en la Segunda Guerra Mundial. Lucy, Edmund, Peter y Susan son cuatro hermanos pertenecientes a una familia acomodada, cuyo padre está en el frente. Su madre decide enviarlos lejos de la guerra a una gran mansión rural, donde podrán continuar su formación sin peligro. La mansión pertenece a un profesor que no disfruta demasiado de la compañía de los niños. En una de las habitaciones, se encuentra un armario que comunica con el mundo de Narnia, un lugar permanentemente invernal donde una bruja extiende el mal y el frío por todos los rincones de ese fabuloso mundo. Dos hijos de Adán y dos hijos de Eva serán enviados algún día para liberar a Narnia y ocupar su trono como reyes.

 
Es inevitable averiguar numerosas referencias bíblicas en el argumento de la película. Los cuatro muchachos son los enviados de Dios para iluminar el camino. El propio León Aslan se puede interpretar como el Mesías, que se entrega por su pueblo y que posteriormente resucita. C.S. Lewis no intenta engañar a nadie, su obra es profundamente religiosa. A los 31 años dejó a un lado el ateísmo y abrazó con fuerza el catolicismo, lo cual se refleja en sus libros y ahora en esta adaptación cinematográfica, no exenta de cierta polémica por este hecho y sus diversas lecturas en los Estados Unidos. En un momento en que ese país y sus gobernantes se aferran con fuerza a los valores cristianos se produce el estreno de esta película que alecciona a los más pequeños.




Esto no es para nada una crítica a la obra literaria ni al film. Es difícil que alguien en la sala se sienta ofendido, sea de la confesión que sea. Las Crónicas de Narnia es una aventura épica, emparentada inevitablemente con muchas otras obras literarias, especialmente El Señor de los Anillos como citábamos antes, y con gran influencia sobre otras como Harry Potter. Visualmente, Las Crónicas de Narnia toma prestados muchos aspectos de la trilogía de Peter Jackson, de las cuatro películas sobre el joven mago, de las adaptaciones cinematográficas de La Historia Interminable e incluso de films de los ochenta como Willow. La historia es narrada en el tono más clásico de Disney, nada que ver con los últimos estrenos de Pixar. El lenguaje es muy correcto, apenas hay bromas y los pequeños adoptan en muchas ocasiones los roles de adultos ante la ausencia de estos.

 
La calidad visual de la película es de primer nivel, como es costumbre en los grandes estrenos de Disney desde hace décadas. Los pequeños son ideales para su papel, en especial la pequeña Georgie Henley que interpreta a Lucy. Los efectos digitales también son de primer orden, aunque la fotografía en general es más colorista que las adaptaciones cinematográficas anteriormente citadas. Hay que señalar que la batalla final ha sido totalmente inventada para el film, son veinte minutos que responden a las necesidades del mercado de garantizarse la taquilla con una batalla que emula la lucha entre el bien y el mal de la trilogía de Tolkien, culminando en una batalla limpia, donde incluso los buenos que fallecen terminan resucitando.





Las Crónicas de Narnia está mucho más orientada al público infantil. La separación entre el bien y el mal se encuentra perfectamente delimitada. La violencia aplicada por los buenos es totalmente justificada y todo el mundo resucita, nadie fallece, excepto los malos claro está. Los pequeños hacen la guerra como los mayores y vencen como héroes. Para los niños todo esto puede resultar épico y sentirse francamente identificados. Para los adultos, la película será vista como la imitación de las acciones adultas por parte de los niños, y aburrirá a más de un padre, después del profundo entrenamiento acumulado con anteriores obras, igualmente ambiciosas, pero marcadamente más adultas.

 
Excluyendo del film la batalla final, la historia flaquea bastante, sin aportar nada nuevo y dejando una sensación de que suceden pocas cosas, y que la mano de Adamson nada tiene que ver con el humor de Shrek, aquí totalmente anulado al servicio de la factoría Disney. La batalla final tampoco aporta nada nuevo y deja la película en general en una posición poco optimista de cara a afrontar otras seis adaptaciones de la obra literaria.

 
Las Crónicas de Narnia no es una mala película. Peca de ser bastante infantil y blanca, lo cual sólo puede ser un defecto para algunos adultos. No aporta nada nuevo al género épico y transmite unos valores correctos a los niños, sin ser exageradamente religiosos. Es una película recomendable para estas fechas, pero es bastante improbable que alcance el éxito de El Señor de los Anillos o el número de adaptaciones de la obra de J.K. Rowling.


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