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Perdidos - Segunda Temporada







por Asier Sisniega Santos

Atención: Si aún no habéis visto la segunda temporada completa no leáis este artículo, puesto que desvela partes fundamentales de la trama.

Perdidos se ha convertido en muy poco tiempo, y por méritos propios, en una serie de culto, obteniendo rápidamente 6 Emmys y el Globo de Oro a la mejor serie dramática. Aparte de los premios, se ha desarrollado en Internet una cultura sobre la serie, que analiza el más nimio detalle, tratando de resolver enigma tras enigma. Expediente X fue la punta de lanza en los albores de Internet. Se convirtió en la primera serie sobre la que discutían los pioneros del World Wide Web. Ahora con Perdidos sucede algo similar, pero a mucha mayor escala.

La historia comienza con un avión que cubre la línea Sydney-Los Ángeles desviándose de su rumbo. Por algún motivo, el avión se parte y cae sobre una isla del Pacífico, tan alejada de la trayectoria prevista del aparato que cualquier esperanza de ser rescatados es muy baja. Inexplicablemente, gran parte del pasaje se salva. En la isla pronto comienzan a suceder cosas extrañas. Un monstruos invisible ataca a los protagonistas, conocido popularmente en los foros como Lostzilla; un avión nigeriano colgando de las ramas de un árbol; una mujer francesa que lleva muchos años sola desde la muerte de sus compañeros; un barco encallado en tierra firme; osos polares en climas tropicales, y muchas otras cosas. Como es de esperar, los protagonistas tratan de conocer la isla, adentrarse en su interior, rodearla, tratar de localizar a posibles habitantes, pero los avances son muy lentos y la confusión es total.

Ésta es grosso modo la idea inicial de la serie. Los protagonistas van mostrándonos su pasado con sucesivos flashbacks. Cada episodio se concentra en uno ellos y enseña sus circunstancias anteriores al accidente. Las coincidencias entre personajes se producen en lugares tan insospechados como hospitales, campos de fútbol o un bar de carretera en pleno desierto australiano. La primera temporada dejaba un final abierto que hizo sufrir a los fans durante todo el verano. En medio de la selva encontraron una escotilla que dinamitaron para averiguar lo que había en su interior. Sobre esa superficie aparecían los números 4, 8, 15, 16, 23 y 42. Esta secuencia numérica aparece por todas partes en la serie, estableciendo una correlación clave que puede explicar por qué los personajes han terminado en una isla desierta. Simultáneamente, al final de la primera temporada, el hijo de Michael, Walt, era secuestrado por unos hombres de aspecto descuidado y pobladas barbas, a bordo de lo que parecía ser un pequeño barco pesquero. Jin, Sawyer y Michael trataban de huir en una embarcación fabricada por los accidentados pasajeros hasta que “Los Otros” hieren a Sawyer y secuestran al niño.

En la segunda temporada se desvela que dentro de la escotilla se encuentra un hombre, Desmond, con víveres suficientes para permanecer varios años. En el interior también hay un complejo y arcaico sistema de ordenadores y todo lo necesario para poder residir con comodidad. Desmond lleva varios años pulsando los citados números en una computadora antes de que una cuenta atrás de 108 minutos llegue a cero. ¿Por qué motivo debe pulsar cada casi 2 horas esos números? ¿Qué consecuencias puede acarrear si deja de hacerlo? Cuando nuestros protagonistas entran dentro, Desmond se marcha resuelto, conocedor de su destino. Gran parte de los capítulos se centran en la búsqueda de Walt y de esos “Otros” que atemorizan a los nuevos habitantes de la isla. Del mismo modo, “Los Otros” fueron los responsables de la desaparición de Charlie y Claire. Una vez que los tres navegantes, Jin, Sawyer y Michael, regresan a tierra firme, se topan con los accidentados que iban en la parte trasera del avión y que cayeron desde el aire al partirse el avión en dos. Por ello, nos preguntamos de qué modo han podido sobrevivir a semejante accidente.

La parte trasera del pasaje ha sufrido mucho más en la isla al ser constantemente atacados por las personas que allí habitan, perdiendo a la mayor parte de las unidades. Al encontrarse unos pasajeros con otros en mitad de la selva, y fruto de la tensión, ocurre un desagradable accidente: la muerte de Shannon. Así, vemos incorporarse al grupo de protagonistas a Ana Lucía, interpretada por Michelle Rodríguez, habitual en algunas superproducciones de Hollywood, a Libby, a Mr. Eko y a algún otro personaje más. Poco a poco descubren nuevas búnkeres, siendo uno de ellos en el que estuvo retenida Claire. En otro de los refugios subterráneos un vídeo muestra que todo lo que sucede en El Cisne es una farsa, un simple experimento sociológico basado en observar a unos seres humanos atrapados. Todo ello les conduce a plantearse la necesidad de dejar de pulsar el botón cada 108 minutos e intentar atacar a “Los Otros”.

Las consecuencias de dejar de apretar la tecla pueden traer consigo el final de la vida en la Tierra, debido a grandes fuerzas electromagnéticas concentradas en el núcleo de la escotilla. Se desvela que un pequeño retraso en la pulsación del código numérico fue el causante del accidente del avión. Del mismo modo, los protagonistas descubren que “Los Otros” se estaban disfrazando y que tienen un dominio total sobre lo que sucede en la isla. Toman como rehenes a Kate, Jack y Sawyer. Liberan a Hugo para que informe al resto de compañeros de que no deben molestar a “Los Otros”. También habilitan una barca para que Michael y Walt abandonen la isla y sean rescatados. Según sus propias palabras, los rehenes serán llevados con ellos a su poblado. Tras un espectacular final, John Locke y Desmond dejan de introducir los códigos y se produce una tremenda reacción en la isla cuando utilizan la llave de seguridad para anular la acumulación electromagnética. De misteriosa también se puede tildar la estatua que aparece en la isla, al más puro estilo del coloso de Rodas, pero con un detalle a destacar, el pie de la escultura sólo tiene cuatro dedos.  

Perdidos ha tomado gran parte de su inspiración en los clásicos griegos, en la mitología, en las maquinaciones de las grandes corporaciones, el destino, el libre albedrío, el supuesto azar y su influjo en nuestras vidas. Se cuestiona sobre lo cierto o no de las casualidades, si todo está dictado de antemano y no abandona en ningún momento la posibilidad de estar manipulados por un ser supremo que desconocemos. El inicio de la serie, con un hombre corriendo entre la selva y luchando por rescatar a los heridos de un accidente de avión, se puede considerar uno de los comienzos más espectaculares y sobrecogedores de la historia de la televisión.

Es indudable que había depositadas grandes esperanzas en su primera temporada, puesto que el gran presupuesto destaca desde el primer momento. En esta segunda temporada J.J. Abrams, responsable de series anteriores como Alias y Felicity, ha abandonado el desarrollo para centrarse en la dirección de Misión Imposible III. Damon Lindelof y Jeffrey Lieber han tomado las riendas con muy buen resultado. La combinación de acción, drama y romanticismo ha hecho alcanzar a la serie cotas de calidad muy altas, que superan por mucho a la mayoría de producciones comerciales de Hollywood y logran totalmente captar al espectador, hasta el punto de que cada semana te colocas frente al televisor para ver la vida de estas personas como si realmente existieran. Tan atractiva es la trama y cada episodio está tan bien facturado, que se piensa que esa gente verdaderamente se ha estrellado en el Pacífico y que luchan por sobrevivir, algo totalmente ilógico, pero que muestra el grado de calidad de la producción.

El final de esta segunda temporada supera de largo a grandes taquillazos que han marcado un antes y después en el cine reciente. Es más, el nivel de vínculo que se establece con el espectador es mucho mayor en el caso de Perdidos. Sin embargo, una serie requiere un importante esfuerzo por parte del televidente. Obliga a la constancia, a tratar de razonar cada elemento nuevo que se nos aporta y ligarlo con otros anteriores. Hoy en día la palabra constancia no encaja con el concepto de televisión, son como dos fluidos que no se pueden mezclar. Lost no es una serie que tenga episodios redundantes, donde se resuelvan tramas secundarias. Todos y cada uno de los capítulos cuentan y son trascendentales para el avance de la serie. Esto reconforta al seguidor, que se envuelve en la trama todas las semanas, pero a la vez requiere de dicha perseverancia y saber aceptar que todas las claves no van a ser reveladas en años. Éste ha de contentarse con ciertas soluciones cada cierto tiempo.

En los últimos meses la serie ha experimentado una importante caída en las audiencias. A medida que la trama se enmarañaba, los espectadores cambiaban de canal para ver a los participantes de American Idol (el OT de Estados Unidos). Entre el final de la primera y la segunda temporada ha habido un desfase de 6 millones de personas, que bien podría repercutir en un descenso en los recursos que se destinan a la serie y puede influir igualmente en la calidad del producto. Este dato no es baldío, pues muestra una tendencia clara en nuestra sociedad. Bien es cierto que mucha gente espera a visionar los capítulos en DVD o simplemente los descargan de Internet para poder verlos sin publicidad. Sea como fuere, la serie no debería alargarse innecesariamente buscando la rentabilidad económica, sino tratar de encajar las piezas en el tiempo necesario, sin agotar la fórmula y la paciencia de los televidentes que llevan años tratando de saber por qué motivos esa gente está en esa isla.

En España comenzó siendo emitida por la FOX y posteriormente por la primera cadena de TVE. Como no podía ser de otra forma, fue maltratada. Se estrenó en abierto los domingos del mes de Junio de 2005 a las 6 de la tarde. Una hora perfecta y un mes perfecto para no estar en casa. Más tarde pasó a los jueves en prime time, pero la mayor parte de la gente se había perdido los ocho primeros capítulos y lógicamente no se engancharon. Las audiencias fueron discretas, y seguidamente se volvió a repetir la primera temporada. Por si esto fuera poco, en los anuncios que TVE hacía de la serie se mostraban las claves del capítulo siguiente, rompiendo cualquier atisbo de emoción. Un horror en definitiva. De momento, este año ha comenzado a emitirla la FOX.

Pero no todo es de color de rosa en esta serie. Mientras que en la primera temporada el amplio, aunque limitado, abanico de actores permitía mostrar a todos ellos en la mayor parte de los capítulos. La aparición de otros accidentados en la isla y la reconstrucción de su pasado han diluido algunos de los personajes hasta puntos insospechados, llegando casi a desaparecer. Así, Claire y su hijo apenas aparecen en toda la temporada, pudiendo pasar tres episodios sin salir en pantalla. Los protagonistas de la serie: Jack, Kate y Sawyer ceden su terreno a Ana Lucía, Eko o Libby, hasta el punto de que el Jack resolutivo de la primera temporada no parece el mismo en la segunda, menos líder y más dubitativo. Kate es relegada a un segundo plano y Locke resulta menos enigmático. Esto hace daño a la calidad global, sobre todo cuando después mueren dos de las nuevas incorporaciones, Libby y Ana Lucía. Parece un apaño para alargar innecesariamente la serie, pero la realidad es bien distinta. Ambas fueron detenidas en la vida real, en el descanso de un rodaje, conduciendo borrachas sus respectivos coches. Cynthia Watros (Libby) ha cumplido una serie de horas de ayuda social, pero Michelle Rodríguez (Ana Lucía) contaba con antecedentes penales y eligió cinco días de prisión antes que el trabajo para la comunidad. La ABC, propiedad de la Disney, no quería empañar la serie y ha eliminado a las dos actrices asesinándolas en una sobrecogedora escena. Sí, es una medida conservadora, pero bien es cierto que de todos modos Michelle Rodríguez iba a abandonar la serie este año por su carácter nómada.

Otra de las cosas que Perdidos no termina de lograr mostrar es la ansiedad de los protagonistas por abandonar la isla, la simple angustia y depresión por querer dejar atrás ese paraíso transformado en pesadilla. No se cuestionan por las familias que dejaron atrás, qué será de ellos en estos momentos que no saben si sus parientes murieron o vivieron.  Lo que la película Náufrago mostraba con total acierto no lo expone de la misma forma Lost. En aquella Tom Hanks estaba solo, mientras que en esta serie son más de 40 personas, pero la soledad en ambos casos siempre está presente, y sobre todo la impotencia, y eso los guionistas no lo subrayan en apenas ningún episodio. También hay que destacar que esta serie es difícil de volver a visionar posteriores veces, pues una vez revelados los secretos los capítulos anteriores pierden su magnetismo y se me antoja improbable volver a verlos en un periodo corto de tiempo. Es una obra para ver una vez, o volver a visionarla al de bastantes años.

Por lo demás, hasta ahora Perdidos es un producto sobresaliente, que marcará una época como otras lo hicieron en su momento y que de continuar así, será una delicia poder disfrutar de otras temporadas donde se nos vayan abriendo nuevas preguntas y cerrando otras. Lost es una especie de elevación de las preguntas clave del ser humano condensadas en una isla. A medida que el conocimiento científico se desarrolla respondemos a muchas cuestiones, pero se nos abren muchas otras que parecen imposibles de resolver.