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Una Verdad Incómoda




Director: Davis Guggenheim

Intérpretes: Al Gore, Billy West.

Nacionalidad: Estados Unidos

Duración: 97 minutos.

por Asier Sisniega

El invierno del año 2006 a 2007 se podría resumir en dos palabras que han sido las protagonistas absolutas en los medios de comunicación, me refiero claro está al cambio climático. Algo de lo que millones de personas eran conscientes mucho antes se ha convertido en algo masivo, en una especie de moda desde los medios de comunicación y por parte de los propios espectadores, como si el año pasado este fenómeno careciera de total importancia. Dicen que más vale tarde que nunca, así pues en el otoño de 2006 se estrenó el documental Una Verdad Incómoda con gran éxito de público en Estados Unidos y recientemente galardonado con dos Oscar. El documental es conducido por Al Gore, Vicepresidente de los Estados Unidos durante ocho años y víctima de un polémico recuento de votos en 2000 que, a la postre y pese a haber logrado más votos, encaramaría a George Bush a la presidencia del país más poderoso de la Tierra. Esto determinaría sin duda el devenir del país y a su vez el de toda la humanidad, y si no fijémonos en las consecuencias post 11-S o en la alegre contaminación masiva de la Administración Bush. ¿Es ya tarde para intentar invertir el cambio climático? ¿Podemos hacer algo para lograrlo?

El documental recoge una muestra de las conferencias que Al Gore ha dado por todo el mundo acerca del cambio climático. En gran parte se aborda como si nosotros fuéramos unos espectadores más del público, no se dirige directamente a la cámara, sino a los oyentes. Durante toda la presentación, las exposiciones de datos y gráficos se intercalan con momentos de la vida del propio Al Gore, aquellos momentos clave que determinaron puntos de inflexión en su manera de pensar y de actuar, confluyendo todos ellos en el momento actual.





Desde el primer minuto hasta el último todo el relato es tratado con gran delicadeza, sutileza y honestidad. Pese a haber sido un político consumado no se presenta el documental como algo politizado, meramente electoralista, que busca inclinar la balanza del lado demócrata, sino que lo hace de forma global, integrando a toda la Humanidad dentro del mismo grupo de personas interesadas en que todo esto llegue a buen puerto. La confluencia en la narración de los hechos personales de la vida del propio Gore con las apabullantes y originales muestras de datos aportan una mayor fuerza al conjunto, logrando un equilibrio francamente sorprendente. Los algo más de noventa minutos de narración se pasan en un suspiro y a poco que el espectador esté concienciado con la situación medioambiental actual asistirá a la proyección con los ojos bien abiertos, con dificultades para pestañear intentando no perder detalle. En este sentido la nota es de sobresaliente. Pocos documentales logran atrapar al espectador de esta manera, aportando dinamismo, gran cantidad de información, pero de una forma amena y clara, comprensible para la mayor parte de los estamentos sociales.

El documental se antoja necesario y acuciante, como un arma que blandir para mostrar al mundo la realidad de nuestras vidas actuales y no tanta promoción de cifras económicas que dejan frío a quien las escucha. La cinta viene a ser la contestación empleando argumentos científicos contrastados a aquellos que hablan de la gran farsa del cambio climático, que aseguran haciendo honor a sus oscuros intereses que las deleznables actividades del ser humano no hacen mella en el bienestar del planeta. Sólo basta con observar a una fábrica realizar sus emisiones y respirarlas para comprobar que sus argumentos se caen por su propio peso, que aquello que defienden no puede ser bueno. Este documental ofrece la posibilidad de que en poco más de hora y media millones de personas gocen de la información superficial necesaria para ser conscientes del problema que se cierne sobre nosotros. Realizar copias para exhibirla en colegios es una magnífica idea que ya se ha llevado a cabo en miles de colegios estadounidenses y que aleccionará a una generación futura.

No puedo olvidar dar un tirón de orejas a aquellos seudoperiodistas que tan pronto han tenido constancia del documental del señor Gore han comenzado a descargar sus hirientes palabras sobre su persona o sobre el objeto del documental, en un intento de proteger los oscuros intereses que mencionaba más arriba y simplemente tratando de no morder la mano que les da de comer.

Y ya que este documental no es como cualquier otro, sino que afecta a la totalidad de la población, analicemos la repercusión que ha tenido en el municipio donde lo he visto proyectado. En una población que se aproxima a las 50.000 personas, sin tener en cuenta los municipios próximos, sólo 7 personas ocupábamos la sala, es decir, un representante por cada 7.000 vecinos aproximadamente. Mientras esos 7 vecinos asistían a la proyección, los miles restantes empleaban su tiempo en cosas que no pongo en duda sean valiosas, pero que igualmente les afecta. Así pues, pese a que éste ha sido el año en que las palabras cambio climático resuenan por todas partes, el invierno en que la gente parece haber comenzado a tomar conciencia, anulando durante cinco minutos el consumo eléctrico en sus domicilios, sorprendentemente la sala se encontraba vacía. Pero de nuevo este vacío no quiere decir que lo que en el documental se analizaba no afecte a los no presentes, pues al abandonar la sala un viernes 2 de marzo más allá de las doce de la noche la temperatura exterior era de 18 grados en pleno invierno, temperatura posible en determinadas olas de calor invernales, pero que no viene más que a confirmar un mes de febrero fuera de lo común en que el termómetro no ha bajado en ningún momento de los diez grados en esta población costera.





Con todo, el final del documental es optimista y da respuestas al problema planteado. Propone realizar una serie de esfuerzos relativamente sencillos y al alcance de cualquiera que rebajen sobremanera la presión sobre el planeta Tierra. El mensaje es por tanto que tenemos los instrumentos necesarios para invertir el proceso o al menos ralentizarlo y devolverlo a su velocidad de crucero normal y que es necesario realizar el esfuerzo por nuestros hijos y las generaciones venideras.

En el plano negativo, para muchos el documental resultará una americanada, culpables ellos mismos del mayor porcentaje de emisiones de CO2 y les parecerá lejano a la realidad europea. Si bien es cierto que el documental aporta un punto de vista más próximo a los Estados Unidos que es donde ha sido realizado, es perfectamente válido para el resto de la población mundial. Lo que no se puede defender es que en ciertos momentos de la narración las bromas de Gore se vean acompañadas por una serie de risas metálicas que no encajan, exagerando probablemente las verdaderas risas mucho más moderadas. Aún así, estos pequeños defectos se palian con una serie de vídeos y animaciones con bastante mala uva y sarcasmo, algunas directamente tomadas de la serie Futurama de Matt Groening responsable de Los Simpson. Asimismo destacar la canción premiada con el Oscar “I Need to Wake Up” de Melissa Etheridge, cuyas letras directamente vinculadas al mensaje se funden con una melodía que de nuevo subraya el optimismo del final del documental. Una pregunta lanzada al aire, ¿cómo sería ahora el mundo de llevar 6 años Al Gore en la Presidencia y no el vergonzante George Bush?

Un documental imprescindible y que nadie debería perderse, les mantendrá pegados al asiento por poco que aprecien la vida humana y este maravilloso don que es la naturaleza.

Valoración: