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Star Wars - Episodio III - La Venganza de los Sith




Director: George Lucas

Intérpretes: Ewan McGregor, Natalie Portman, Hayden Christensen, Ian McDiarmid, Samuel L. Jackson

Nacionalidad: Estados Unidos.

Duración: 140 minutos.

por Asier Sisniega

28 años han transcurrido desde el estreno del Episodio IV, Una Nueva Esperanza. Esos han sido los años que millones de aficionados de todo el mundo han esperado para ver completar una de las sagas más peculiares de la historia del cine, amén de la más exitosa. Pero, ¿qué queda de aquella película rodada con mucha imaginación y no tantos medios? Pues más bien poco. Son muchas las voces críticas contra esta trilogía precuela, aseverando no haber logrado alcanzar el nivel de la primera tanda. Una vez visionadas, hemos de darles la razón.

 




Las Guerras Clon continúan, siendo cada vez más palpable el distanciamiento entre el Canciller Palpatine y el Consejo Jedi. Padmé Amidala anuncia su embarazo a Anakin Skywalker. Éste se verá tentado por el lado Oscuro. El miedo a perder aquello que más ama le hará alinearse con Darth Sidious y convertirse en Darth Vader. Mientras tanto, los Lord Sith comienzan una campaña de exterminio de los Jedi, lo que llevará a estos a intentar salvar la democracia.

 

Lo primero que se le pasa a uno por la cabeza mientras asiste al pase de este Episodio III es que será probablemente la última vez en nuestras vidas que asistamos al comienzo de una película con el archiconocido tema de John Williams y los textos que nos ponen en situación. Es algo que entristece a cualquier amante del cine, pero que a la vez supone más un hasta pronto que una despedida final. Claro que, el nivel mostrado en esta trilogía moderna, hará que muchos decidan dar el adiós definitivo a una saga ya para ellos agotada. Es indudable que la trilogía inicial es una obra maestra de la historia, unas películas que cambiaron la forma de hacer cine, de crear ciencia ficción o de avanzar en multitud de campos dentro de la industria como el sonido o los efectos visuales. Aquella trilogía tenía encanto, fuerza. Algunos la tachaban de cutre, pero era precisamente ésa a veces llamativa escasez de medios la que le dotaba de autenticidad, unido a unos efectos especiales todavía hoy extraordinarios y sin parangón en aquella época. Sin embargo, en esta nueva trilogía, todo luce de otra manera, es más artificial, menos cercano, menos sucio. Un creador, George Lucas, que se obliga a sí mismo a abusar de los efectos digitales y mostrar paisajes preciosistas a cada instante, por qué no decirlo, un creador que en estos 28 años ha cambiado demasiado su perspectiva de ver el mundo del cine.




Hay un buen número de críticos y aficionados que siempre han asegurado que George Lucas es mejor creador que realizador, lo cual es difícil de discutir en vista de los tremendos avances logrados por su factoría en estos años, tocando divisiones como el sonido de las salas de cine (Skywalker Sound), la industria de los efectos especiales que ha ayudado a otras muchas producciones de todo el mundo (Industrial Light & Magic) e incluso el mundo de los videojuegos (Lucas Arts). En esta película final se recupera parte del humor perdido en los anteriores dos filmes y comienza con una clara declaración de intenciones, acción frenética y espacios colosales plagados de ingenios y seres. Una película que trata de condensar en poco más de dos horas mucha cantidad de información, algo de lo que sin duda languidecían las dos anteriores entregas. Un ritmo necesario para dejar encajados todos los puntos, que lleva a que las escenas se sucedan unas tras otras, pasando de cortinilla en cortinilla en cuestión de segundos.





El paso de Anakin Skywalker al lado Oscuro se va dando de forma gradual y previsible, sin poder decir que estamos ante una transformación portentosa desde un punto de vista formal. Las escenas cumplen su cometido sin pasar de ahí, aunque sí quedan más que justificados los motivos, pues como se suele decir el amor mueve montañas. Algunas escenas son reseñables, se prima el guión más que en las dos anteriores partes donde estaba algo abandonado, aunque los diálogos tampoco son un prodigio de originalidad. Los enfrentamientos finales son lo más destacado de una película donde lo más intenso es el momento en que Anakin se quema completamente y se lleva a cabo su transformación física en Darth Vader, el momento tan ansiado por cualquier aficionado. En cuanto al trabajo de los actores, Hayden Christensen cumple de forma correcta, pero se echa de menos que el elegido hubiera sido un joven con más carisma y proyección, baste con mencionar que la carrera de este actor ni siquiera ha levantado el vuelo protagonizando esta saga. Natalie Portman está en su línea, que siempre es notable o sobresaliente, mientras que los mejores resultan ser Ewan McGregor y el personaje digital encarnado por Yoda, extraordinario trabajo de animación.

 

Por doquier durante los 140 minutos de proyección aparecen vehículos novedosos, enemigos, animales o armamento de última generación, llevándonos por momentos a una sobrecarga de información para nuestro cerebro, incapaz de procesar tanto artilugio y dispositivo simultáneamente en pantalla. Esto es algo ya habitual desde la Amenaza Fantasma, el exceso de un realizador que con sus juguetes nuevos nos los muestra a cada plano. Como ya he comentado anteriormente, éste es uno de los males endémicos del cine de los últimos años, y el bueno de Lucas tiene gran parte de culpa en ello. Al final de la película se llega a un punto más auténtico, con unos puentes de mando o aparatos que vuelven a recordar a la antigua trilogía, algo que agradece el film. Uno de los problemas más sangrantes de la película es que no emociona. Sí logra introducirnos con éxito en su gran ritmo y en la historia de transformación, pero ni el cambio de roles, ni la muerte de Padmé, ni el nacimiento de los pequeños resultan emotivos y cercanos, algo que sí lograban sobradamente las primeras.





Esta nueva trilogía se ha quedado muy lejos de alcanzar el nivel esperado, con dos partes iniciales francamente pobres y una tercera que viene a salvar el conjunto, pero que se queda a años luz de sus hermanas “pequeñas”. Una trilogía que se da en los dientes con trilogías recientes como El Señor de los Anillos, en una muestra de cómo se deben hacer las cosas. Un George Lucas irreconocible en sus dos anteriores trabajos, que reincide en sus propios errores, subsanando algunos de ellos, pero que a uno le deja un sabor de boca agridulce, cuestionándonos lo que hubiera sido capaz de hacer si no hubiera dejado ese lapso de 20 años antes de dirigir la nueva trilogía. Así y todo, La Venganza de los Sith funciona muy bien como vehículo de entretenimiento y pone punto y final a una saga irrepetible.

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